- SEP. 03, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
Esta semana, muchos medios televisivos perdieron la brújula. Sus deberes y responsabilidades como comunicadores se esfumaron, y el sensacionalismo inundó hasta al más objetivo de los informativos noticiosos.
Las imágenes de los segundos finales de la última competición de Jefferson Pérez en las Olimpiadas de Beijing se convertían en un documento desgarrador de los momentos concluyentes de su vida, cuando los reprisaban en cámara lenta y se añadía música tétrica, voces de luto y verdades a medias. Durante dos días, el país entero se vestía de negro por la supuesta despedida del cuencano al reino de los cielos. Una mala elección de palabras por parte del hermano del marchista, Fabián Pérez, llevó a la especulación y a la exageración, cuando se informó que Jeff sufría de una enfermedad degenerativa y que terminaría en una silla de ruedas de por vida.
Jefferson Pérez anunció su retiro este viernes, día en el que debió hablar acerca de su vida, sus logros y su futuro. Sin embargo, mientras algunos canales paralizaban su programación para dar paso a la rueda de prensa del atleta, él mismo pasó más tiempo desestimando rumores y haciendo mofa de lo acontecido cuando dijo “…No solo dicen que me estoy muriendo, sino que tampoco he dejado testamento y ni siquiera tengo hijos”.
Todos queremos y merecemos tener libertad de expresión, pero para tener el derecho de decir lo que nos dé la gana debemos siempre de hablar con la verdad.