El espíritu morador de Dios va delante de mí preparando mi camino.
Nunca a solas
Nunca tengo que “andar solo” en un reto u oportunidad porque nunca estoy separado de la presencia de Dios: la presencia de la sabiduría divina, de la curación y de la paz. Consciente de esto, estoy listo para enfrentar y superar toda adversidad, para acoger y aprovechar toda oportunidad.
Cuando entro a un aula, Dios me acompaña como la sabiduría que me ayuda a aprender lo requerido para recibir un título académico, preparándome así para una carrera fructífera.
Si me someto a tratamiento médico, sé y afirmo que
Su espíritu está activo en mí y en todos los que
me asisten. En una entrevista de trabajo mantengo la calma, ya que la paz de Dios alivia mi mente. Me siento cómodo doquiera que esté y quienquiera me acompañe, ya que siempre estoy en Su presencia.
–Salmo 62:2
“Solamente él es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho”.