lunes 01 de septiembre del 2008 Columnistas

Servicio a la reflexión

En la preparación del proyecto de  nueva Constitución, que debiera culminar con el referéndum, hay, entre otras, las siguientes realidades:

- Muchos firmamos una hoja en blanco de esperanza. “Democráticamente” los elegidos se sintieron con atribución a oír, sin escuchar.  Es su mérito  el  reconocernos el derecho de  refirmar o no en el referéndum  esta hoja, una vez conocido en ella lo escrito. Ese mérito se evapora en la medida en que se  impide la reflexión con diversos medios, entre ellos, la mentira arropada de autoridad.

- Para evitar el estudio  de un tema, se pasa a otro tema,  o se descalifica al  interlocutor con acusaciones o insultos. El insulto es la razón de la sinrazón. Aun en el supuesto de que el interlocutor tuviera grandes defectos, lo que más debiera importar son sus argumentos acerca del tema.

- Se actúa con miedo admitido o disimulado. Se asume el compromiso de votar Sí o No  por intereses, sin el conocimiento de la globalidad del proyecto constitucional. Da pena la imagen de personas socialmente marginadas y también de personeros de entidades importantes, que  comprometen el voto por intereses inmediatos, sin visión de futuro. Algunos expresan con desfachatez: “Importa recibir el dinero (del país);  no las ideas”.

- Como un fruto del bajo nivel de la educación monopolizada, hay facilidad de venderse y dificultad para empeñarse en conocer la globalidad del proyecto de Constitución y las consecuencias del Sí o del No.  Este bajo nivel ha causado también menosprecio de valores como la vida, la familia, la verdad, la laboriosidad, la  constancia, la libertad y responsabilidad.

- Partiendo de la indiscutible necesidad de cambiar la realidad actual de injusticia y corrupción, se corrompe difundiendo la idea de que el cambio (todo cambio) es adelanto.

- No se señalan los valores fundamentales, como punto de  referencia,  para calificar lo nuevo como adelanto,  o como retraso.

Porque la “moral laica” (sin Dios) del proyecto encierra al ciudadano en el ego, faltan  los siguientes valores humanos, que  debieran servir para juzgarlo:
1.- La persona humana, anterior al Estado. 2.- El Estado administrador equitativo, no dueño de las ideas ni de los recursos de todos los ciudadanos. 3.- El deber del Estado laico de respetar la religión de sus ciudadanos en sus manifestaciones privadas y públicas. 4.- Pasos para apropiarse de la niñez y juventud, suplantando a los padres en la educación, imponiendo una ideología, especialmente a hijos de los pobres, que no pueden pagar impuestos y pensiones: el proyecto suprime la libertad de cátedra en los niveles primario y secundario. 5.- La vida, valor irrenunciable, que hay que dignificar con la justicia y no suprimir con el aborto.

El que emite el voto por ignorancia, por miedo, o interés cambia de parecer, apenas cesan esas motivaciones. La estabilidad exige reflexión, para votar. Los creyentes y personas de buena voluntad, aceptando el peligro, que hoy supone pensar al margen de la ideología gobernante, cumplimos nuestro servicio, invitando a reflexionar antes del voto a donde pretenden  llevarnos proyecto constitucional y anexo.
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