VENEZUELA
En vista de las reiteradas menciones que han hechos autoridades del Gobierno de Ecuador en contra de la presencia de venezolanos en aquella nación hermana, envío esta nota como respuesta.
Soy Gustavo Tovar Arroyo, ciudadano común y corriente de esta América Latina e india que nos abriga con tanta bondad. No tengo más majestad sino la que me confiere la de ser humano, y, como tal, según la Declaración Universal, digno de respeto y consideración, lo cual para mí es suficiente. No formo parte de la CIA ni mucho menos de gobiernos que aspiran avasallar pueblos como está ocurriendo en Iraq o en el Tíbet. Hablo por mí, por mis ideales y principios y eximo de cualquier responsabilidad sobre mis actos y pronunciamientos al movimiento estudiantil venezolano.
Fui invitado a ese país a conversar sobre el libro Estudiantes por la libertad. Nuestras presentaciones, igual que nuestros valores, han estado enmarcadas en la promoción del humanismo, la libertad, la democracia y la no violencia.
Nuestro ánimo no ha sido otro sino el de exaltar el papel de la juventud en la creación de una sociedad más humana y más libre en Latinoamérica. Creemos, en ese sentido, que desde las entrañas de nuestro pueblo emerge una llama viva y vital de reivindicación generacional.
Gandhi decía que una nación tiene el gobierno que es y representa a su pueblo. Partiendo de ese postulado podemos aseverar que si nos quejamos de nuestros gobiernos, si nos quejamos de las partidocracias, si nos quejamos de las oligarquías, debemos aspirar a transformar las sociedades que las constituyen y crean, no a empujones ni a mordiscos, sino generando debate y conciencia crítica.
Nuestra misión no puede ser jamás doblegar a un gobierno, sino transformarlos, ilustrando a sus pueblos. Promovemos que nuestros actos deben ser una siembra de nuestros principios.
No exaltamos la violencia, jamás lo hemos hecho ni lo haremos. Negamos, por lo tanto, de manera categórica y absolutamente concluyente que nuestra voz haya promovido o promueva la violencia como método de lucha en ninguna parte. No creemos en la guerra. Creemos en el diálogo y en el debate. Creemos, incluso, que cuando un gobierno nos agrede e injuria, debemos resistir de manera civil y pacífica, como ejemplo de la sociedad que aspiramos sembrar.
Sin embargo, hablando de violencia, sí recalcamos que no somos militares ni militaristas, no hemos dado golpes de Estado en nuestro país, no hemos derramado sangre inocente de nuestro pueblo, no promovemos las balas o los tanques como forma de hacer política. Cosa que lamentablemente sí hizo el Presidente de Venezuela, hoy aliado estratégico del Gobierno hermano de Ecuador.
Insistimos, no necesitamos metáforas de muerte para motivar a nuestra juventud ni a nuestros pueblos, creemos profundamente en la vida y en la libertad. No somos de la opinión que debe ser la “espada de Bolívar” la que recorra la América Latina e india. Consideramos que antes se debería exaltar su espíritu liberal y su virtud.
Es la hora de la palabra y de la discusión. Debemos ser críticos pero sin despedazar al ser humano con nuestros argumentos ni mucho menos con nuestras armas.
En ese sentido, exaltar el rol de las nuevas generaciones en el ámbito político es a un tiempo responsable y vital. Creemos que negar ese rol, avasallarlas usando los recursos del Estado, los medios de comunicación y la fuerza pública, es irresponsable y mortal.
Quien atenta contra la juventud emergente de un país, atenta contra el futuro de una nación; lo empuja hacia un abismo de dolor y desdicha insondables.
Mientras inventamos batallas imaginarias o las impulsamos para justificarnos ante la historia, nuestros pueblos andan entre el olvido y el hambre. El problema es que con tanta parafernalia ideológica y verbal nos hemos olvidado del ser humano.
Acaso por no ser de los privilegiados que recibieron una educación oligárquica, casi celestial, en las mejores universidades del mundo, no andamos inclinándole la rodilla al Rey Sol de la teoría (llámese Marx o Friedman) ni aplaudiendo circos ideológicos, ni adorando a la bestia pulida de la utopía, entendemos que los problemas del pueblo llano son urgencias “mundanas” como el trabajo, la justicia y la seguridad.
En Latinoamérica llega el momento de vernos al rostro sin ascos, resentimientos o amaneramientos. Es hora de vernos y reconocer las mutuas heridas históricas que nos componen como raza. No seamos Saturnos, seamos Prometeos de nuestra cultura.
Estamos convencidos de que agredir a nuestros gobiernos es agredirnos a nosotros mismos. Nuestra arma es nuestra piel y nuestro recurso es la palabra. La aspiración última es la libertad, y la libertad siempre es crítica…
De cualquier modo, reto al Gobierno de Ecuador, al de Estados Unidos (con quienes somos especialmente críticos) o a cualquier otro para que prueben si en cualquiera de mis presentaciones, escritos, diálogos, intervenciones o promociones he llamado a la violencia. Estoy absolutamente abierto a una investigación o a una pesquisa.
Es hora de dejar de lado nuestros resentimientos postizos, es hora de construir una América Latina e india más humana y libre. No desvirtuemos la gentileza de nuestra Pacha Mama ni la convirtamos en un camposanto de hienas y rinocerontes, reivindiquemos su inconmensurable bondad e iniciemos un cultivo permanente de bienestar y verdad para nuestro pueblo.
Postdata como recomendación: no se preocupen por mí, dediquen su tiempo a asuntos más relevantes como gobernar el hambre y el desempleo, golpearme a mí es golpear a la no violencia, es decir al agua…
* Autor del libro Estudiantes por la libertad.