“El mundo alabó hasta el aburrimiento a Phelps: fenómeno, prodigio (…). Todos, calificativos redundantes, ningún concepto”.
Durante los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 le hicieron un reportaje al entrenador del nadador argentino José Meolans, quien acababa de competir en una semifinal.
Hablando de su pupilo, el hombre señaló: “Pepe es puro talento”.
Nos dejó intrigados: ¿Cómo se manifiesta el talento en la natación? ¿Cómo se advierte? ¿Con qué parámetros se mide? Porque hasta donde uno sabe, todo consiste en arrojarse al agua y nadar con la mayor prisa posible. En 50, 100, 200 metros ni siquiera hay plan de carrera, es correr tratando de llegar primero. En ese puñado de segundos pueden influir la técnica individual y las reservas anímicas, no más. La preparación no se cuenta: en todas las disciplinas hay que prepararse bien. ¿Qué podría suceder para exhibir talento?
Otro tanto acontece con el atletismo. Un velocista puede asombrarnos por su rapidez, como Usain Bolt, impactarnos su motricidad, dejarnos perplejos su pique. Punto. ¿O aquí también hay mucho talento? Un periodista de atletismo sostenía que ante una gran marca de un corredor podía titular: “Fulano: 10 segundos”. Con eso estaba todo dicho.
Algo semejante sucede con las pesas, el tiro, la arquería, el remo, el judo, incluso el ciclismo, las pruebas náuticas y algunos deportes colectivos donde el talento, el arte, la fantasía, no tienen lugar. El voleibol de playa jugado por parejas es así: un jugador saca, un rival amortigua el balón, su compañero lo levanta acercándolo a la red y el primero salta y remata. Durante tres horas, el juego es idéntico. La única variante consiste en el remate, que puede ser fuerte o suave, para sorprender.
En estos días, el mundo alabó hasta el aburrimiento a Michael Phelps: fenómeno, rayo, monstruo, prodigio (…). Todos, calificativos redundantes, ningún concepto.
¿mejor que pelé?
Además de decir que es rápido en el agua, ¿qué se puede agregar? ¿Podemos decir, por sus ocho medallas, que Phelps es el mejor deportista de la era moderna, como se escribió por ahí…? ¿Mejor que Pelé, que a toda velocidad y asediado por tres hombres la paraba de pecho y la clavaba en un ángulo…?
Una olimpiada es una fiesta deportiva maravillosa. El universo puesto a competir en las más variadas disciplinas. Con un elemento adicional: el espíritu olímpico, que envuelve a todas las pruebas. Cada cuatro años, uno disfruta siguiendo sus alternativas, empapándose de las diferentes modalidades, admirando a atletas de físicos que envidiaría el mismo David de Miguel Ángel.
Sin embargo, una de las grandes comprobaciones que se obtiene de haber visto una olimpiada es lo maravilloso que es el fútbol. Los intelectuales de izquierda intentaron durante medio siglo (sin éxito) rebajarlo a la condición de opio de los pueblos. Otros lo reducen a un simple negocio. Están quienes lo ven simplemente como 22 tontos corriendo detrás de una pelota.
El indiscutible deporte rey, no obstante, ostenta su trono por la sencillez de sus reglas, la diversidad de elementos que moviliza y, sobre todo, por las emociones que genera. En el fútbol intervienen la fuerza del levantamiento de pesas, la velocidad del atletismo, las mañas del judo, la puntería del tiro, las piernas de acero del ciclista, la resistencia del maratón, la férrea mentalidad del navegante, la fiereza del boxeo, el salto del básquet, la gracia de la gimnasia, la destreza de la esgrima... Y también la picardía, la generosidad, el coraje, la inteligencia... Y como en ningún otro, el talento, la magia, el arte. Es, además, un deporte de roce físico; y aquí entran a jugar los laberintos de la mente, los miedos.
Por cierto, es el único que se practica únicamente con los pies.
Pese a ello, vemos que los JJ.OO. dan 47 medallas de Oro al atletismo, 34 a la natación, 18 a la lucha, 15 al tiro, 14 al judo; todos, deportes individuales. Y al más hermoso, complejo y popular (2 millones 300 mil asistentes) le reservan dos. Una desproporción cercana al disparate. Hasta el bádminton tiene 5.
TERRIBLE ESFUERZO
El fútbol debe superar con éxito seis instancias para arribar a un Oro. Terrible esfuerzo. Pero un nadador como Phelps se levanta tres en una mañana. Y puede ganar ocho por hacer lo mismo en 50 metros, 100 metros, 200 metros… Alguien deslizó que está bien, que hay diferentes estilos como mariposa, libre, pecho, espalda…
De acuerdo, en tal caso debería haber medallas de oro al goleador, al arquero menos vencido, al que hizo más goles de tiro libre, al que anota más penales, al que cabeceó más lejos, al equipo campeón de los primeros tiempos, a la mayor goleada del torneo…
Un equipo de fútbol debe amalgamar once atletas, tarea que debiera ser mejor recompensada, pues el mérito colectivo supera al individual. La única tarea combinada que debían hacer las postas femenina y masculina de Estados Unidos en atletismo era pasarse el testimonio entre compañeros.
¡Y se les cayó…! Les costó dos medallas de oro, pues eran favoritas.
Debería computarse un oro por cada integrante de un equipo campeón. Once en fútbol, cinco en básquet, cinco en voley… Sería más justo. Y menos absurdo.