Detrás de la obra cinematográfica del rumano Cristian Mungiu están sus vivencias durante la dictadura de Nicolae Ceaucescu, el dictador socialista que marcó –o trastocó– las vidas de su generación. Pocos días después de que su película 4 meses, 3 semanas, 2 días ganara la Palma de Oro en el Festival de Cannes el año pasado, la controversia por la desgarradora y medular escena del aborto ponía el asunto en las primeras planas mundiales. “Pero yo en realidad lo que quería era contar algo sobre gente que conocí”, decía.
El acierto de este director en su segundo largometraje es no meterse directamente en la politiquería de esos tristes momentos. En la misma onda de otros grandes realizadores de Europa Oriental sacudidos por dictaduras comunistas –nunca podemos olvidar las películas del checoslovaco Milos Forman a mediados de los años sesenta–, Mungiu utiliza un lenguaje puramente cinematográfico, que releva mucho más una atmósfera intoxicada, donde la trayectoria de los seres humanos parece dislocarse en el doloroso vaivén de la supervivencia diaria y los altísimos costos de asumir responsabilidades sobre sus actos más íntimos.
En la Bucarest de 1987 seguimos a Otilia (Anamaría Marinca), la joven estudiante universitaria que evita la reunión de cumpleaños de la madre de su novio para acompañar a su amiga Gabita (Laura Vasiliu) a un hotel. Nunca sabemos el motivo esencial del encuentro, especialmente cuando nadie da razón de la reservación del cuarto y la reacción de Otilia es casi desesperada. La reunión se produce después en otro hotel y allí finalmente enfrentan al Sr. Bebe (Vlad Ivanov), el hombre convocado para efectuar un aborto en Gabita.
Hasta aquí Mungiu no nos ha revelado mucho sobre sus protagonistas. Pero las brutales ironías del filme explotan en nuestros ojos en lo que viene después. 4 meses, 2 semanas, 3 días es posiblemente el tiempo de embarazo de Gabita, cuando decide abortar. No podemos vislumbrar jamás las reacciones de estas mujeres, ellas parecen ser las petrificadas fichas de un tablero silencioso donde sus movimientos nunca las alejan del espanto que deben asumir, porque son solitarias sombras de un mundo donde nadie ayuda a nadie. Esto lo advertimos en el ligero ínterin cuando Otilia acude nerviosamente a la reunión donde su novio.
Mungiu concibió esta película como parte de un ciclo que él titula sarcásticamente Cuentos de la Época de Oro. El público rumano actual –en el país hay menos de 40 cines para 20 millones de habitantes– descubrió en la cinta un humor sutilísimo, especialmente en los abundantes diálogos que se pierden en los subtítulos, a pesar de que el realismo de la secuencia central nos lleva a abismos silenciosos mucho peores en el interior de las protagonistas. Al final, en las calles de Bucarest la vida parece seguir, a pesar de ese pequeño ente tirado en un basurero. ¿Años dorados, esto?
4 meses, 2 semanas, 3 días se pre-estrena en la sala Ochoymedio de Supercines Los Ceibos, el miércoles a las 19:30. Entrada gratuita.