Varias mujeres con lavacaras sobre sus cabezas y algunos niños que venden cacahuates por las calles giran sus cabezas ante una espigada modelo que, vestida de azul, posa cargada de actitud a las puertas de una tienda de ropa. Una estampa poco habitual si hablamos de Freetown, la capital de Sierra Leona. La artífice es Adama Kai, una diseñadora local de 25 años especializada en París y Nueva York que ha decidido asentar su nuevo negocio de alta costura, Aschobi Designs, lejos de las brillantes pasarelas del primer mundo.
“Puede que haya renunciado a las oportunidades que brindan a jóvenes creadores, pero mi sueño era regresar a mis orígenes”, comenta Kai, quien nació en Nueva Jersey y vivió en Sierra Leona hasta los 4 años, cuando se mudó con su madre a Etiopía. “Igual que Ralph Lauren con el casual americano, Chanel como adalid del chic francés o Versace en Italia, mi meta es apoyar el diseño africano”, añade la joven, cuya boutique, que da empleo a doce personas, se emplaza entre una pequeña imprenta y la sede de un periódico.
“Soy consciente de que este es el último rincón del planeta donde se podría encontrar alta costura, pero pretendo reemplazar la oscuridad del pasado por la belleza del futuro”, afirma mientras muestra sus prendas en colores brillantes y cuyos precios oscilan entre los 30 y los 100 euros ($ 40 y $ 160).
Sierra Leona, uno de los países más subdesarrollados según la ONU, trata de superar las secuelas de un sangriento conflicto civil que asoló la nación entre 1991 y el 2002.
“Tendré que quedarme al menos cinco años antes de que me acepten”, prevé. Puede que sus estampados, “que reflejan el orgullo de ser africano”, contribuyan a que la vean con otros ojos.