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Edición del DOMINGO 31 de Agosto del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Preguntas a Ángela
Los padres y la escuela
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Ángela Marulanda | www.angelamarulanda.com

Quizás lo más importante para determinar qué tanto debemos involucrarnos los padres es aclarar qué se persigue con la educación de nuestros hijos”.

PREGUNTA: En el colegio de mi hija nos exigen a los padres que les ayudemos con sus  tareas escolares, y algunas profesoras se enojan si ella no las hace bien y me reclama por no supervisarla más. Pero yo no tengo tiempo (trabajo fuera de casa) para ayudarla más y no quiero sobreprotegerla.  ¿Qué tanto debo participar en esta responsabilidad?

Ángela: Padres, profesores y alumnos comparten una importante responsabilidad en el proceso de escolaridad de los hijos y cada persona debe tener muy claro cuál es su obligación en relación con las tareas: la responsabilidad de la adecuada asignación es del profesor, la responsabilidad de proveer el ambiente y los medios necesarios para elaborarlas es de los padres, y la responsabilidad de ejecutarlas es de los hijos.

Muchos beneficios se derivan de tener que cumplir con una serie de tareas a lo largo de toda la vida escolar.  Aprender a organizar y planificar el trabajo, desarrollar un sentido de responsabilidad por los deberes y de satisfacción por los logros, tener una disciplina establecida para trabajar, e identificar los recursos y medios que se requieren en cada situación, son habilidades claves para el éxito académico y profesional que se aprenden a partir de las tareas que son asignadas a los estudiantes y de las destrezas que, gracias a las mismas, aprenden los niños.

Pero quizás lo más importante para determinar qué tanto debemos involucrarnos los padres es aclarar qué se persigue con la educación de nuestros hijos.

Es fácil caer en el error de asumir la responsabilidad casi total por los estudios de los hijos si conciben la educación simplemente como un medio para que los hijos se preparen para pasar unos exámenes, obtener un diploma que finalmente les permita conseguir un trabajo bien remunerado y llegar a una posición social destacada.  Es decir, cuando el estudio se entiende ante todo como un medio para el éxito profesional y económico de los hijos es muy posible que los papás se extralimiten en lo que hacen para garantizar que ellos triunfen en su vida académica y logren lo que ambicionan.

Por el contrario, cuando la educación se concibe como una oportunidad para enriquecerse, no solo intelectual sino espiritualmente, para conocer el mundo en todas sus dimensiones, para comprender la inmensidad de la vida y para encontrarle un sentido a nuestra existencia, el énfasis no estará en los resultados sino en el gusto por aprender.  En este caso, los padres, al igual que los profesores, se centrarán en motivar a los niños a estudiar para gozar de las maravillas del saber.

Los niños a quienes se les inculca amor y entusiasmo por el estudio son alumnos  interesados en sus deberes escolares y en todo lo que contribuya a desarrollar sus capacidades y enriquecer sus conocimientos. Lo más posible es que su vida académica sea una experiencia positiva,  en la que ni padres ni profesores tengan que luchar demasiado. Serán así personas cuya existencia no se limitará a cultivar fama y fortuna, sino que se enriquecerán como seres humanos y tendrán mucho más que dinero para aportar a su familia y a su país.

Puede escribir a Ángela a: angela@angelamarulanda.com


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