Clientes los consideran una alternativa económica para alimentarse.
Familias del norte de la ciudad apuntan al negocio de la comida típica. Ofrecen el tradicional arroz con menestra acompañado de carne, pollo o chuleta, al costo de un dólar el plato.
El seco de chivo, guatita y caldo de gallina también son parte del menú, a igual precio.
Los fines de semana, al menos seis comedores informales se instalan en una explanada ubicada en las avenidas Antonio Parra Velasco y José Tamayo, en la ciudadela Sauces 6.
El “movimiento” empieza a las 17:00, cuando llegan camionetas cargadas con mesas y sillas plásticas. Obviamente, también ollas llenas de comida.
Jorge Regalado, de 49 años, taxista por 17, dejó el volante para dedicarse al negocio vinculado al arte culinario.
Apenas se acercan las personas (potenciales comensales) recita de memoria los nombres de los platos. Luego agrega: “Hay buenas presas”.
Las porciones de alimentos son discretas, de allí su precio; pero, paradójicamente, acompañar la comida con una gaseosa o refresco procesado representa un incremento del 50%.
Eduardo Romero, cliente, cuenta que todas las noches degusta caldo de pollo y opina que los comedores constituyen una alternativa económica para “comer sabroso”.
Los propietarios de los negocios señalan que laboran de manera informal, por lo que han sufrido decomisos del Municipio. Y coinciden en que la entidad no entrega permisos para negocios ubicados a la intemperie; no en locales.
La noche del miércoles pasado, Carlos Romero, inspector municipal, solicitó información a los dueños, pues “censaba” los comedores y carretillas ubicados en su zona de responsabilidad. No adelantó si hay algún plan del Cabildo al respecto.
Francisco Ordóñez, del negocio vecino, comenta que quienes se dedican a este negocio (por lo general moradores de la zona) se preocupan de la limpieza del espacio que ocupan.
Agregan que la Categ les factura la energía que consumen mientras señala unos medidores de electricidad sujetos a un poste. En su caso, cancela $ 25 mensuales, en promedio.
No obstante, son señalados como una competencia desleal por ciertos propietarios de restaurantes ubicados en locales.
“Yo empecé así. Y el Municipio me tuvo clausurada hasta que trabajé en un local. Ahora no me parece justo”, dijo una dueña de un restaurante situado en la cdla. Sauces 4, que pidió el anonimato.
Washington Zambrano, dueño de una despensa en la cdla. Martha de Roldós, refirió que bajo esa modalidad no se pagan impuestos ni existe supervisión de las entidades de control.
Aquello, alusivo a los vendedores de legumbres y productos lácteos instalados frente a su tienda, en la manzana 513.