Domingo 31 de agosto del 2008 El Gran Guayaquil

Con un siglo de vida

Mariví Fierro y Germán Arteta

En el mes del envejeciente cuatro mujeres cuentan su visión de cambios generacionales. 

A Zoila Cárdenas le preocupa el calentamiento global y que se haga poco por detener el deterioro del planeta, mientras que  María Véliz, Bértida Vera Varela y Escila Suárez no saben “a dónde va a parar esta juventud que se divierte demasiado y pierde su tiempo”.

Son las preocupaciones de una bisabuela y tres tatarabuelas que entre agosto y septiembre  cumplieron o van a cumplir un siglo de vida.

Cuatro mujeres que han visto pasar a más de tres generaciones y con ello ser protagonistas de las transformaciones de su tranquilo mundo, a aquel vertiginoso de sus bisnietos y tataranietos.

Al celebrarse, localmente, el mes del envejeciente, que inició el 28 de agosto y culmina el próximo 1 de octubre, ellas son el ejemplo viviente de que con amor y cuidados se puede llegar a una avanzada edad y enfrentar con optimismo los procesos de un cambio generacional.

“Cuidemos el planeta”
Uno de los momentos más felices que guarda en su corazón Zoila Victoria Cárdenas Jaramillo es el homenaje que le hicieron sus 74 descendientes (5 hijos, 25 nietos, 42 bisnietos y 2 tataranietos) el pasado 1 de agosto, al cumplir sus 100 años de vida.

Aunque no tiene ninguna enfermedad, sí le afecta una aguda sordera y se niega a usar audífonos. Las veces que se los han colocado sus familiares, se los ha sacado de inmediato.

Pero su familia no se complica para comunicarse con ella. En un cuaderno y con un marcador le anotan con letra grande todo lo que quieren decirle y ella con fuerte voz les responde con absoluta claridad.

Cuenta que nació en Guano, en la provincia del Chimborazo, pero que desde muy pequeña vivió en Guayaquil y que su familia residió en diversos sectores de la ciudad, donde sus padres alquilaban.

Una frase que a todos en la familia les arranca sonrisas es cuando confiesa la preferencia que tiene por su hija Lolita, con quien vive y la que prácticamente se hace cargo de ella: “La amo con todo mi corazón, es lo único que sé, pero ustedes no se pongan celosos”, les advierte Zoila con un fuerte tono de voz a sus otras dos hijas que la acompañan en la entrevista: Cruz y Mérida Tamayo. Tiene dos hijos más, Zoila y Tomás, y su hija mayor, Dolores María, quien falleció hace algunos años, todos producto de su matrimonio con el guarandeño Luis Ángel Tamayo.

Cuando tenía 40 años falleció su esposo de una enfermedad y ella pasó a vivir al asilo Vicente Sotomayor, donde permaneció hasta hace cuatro años.

Su familia se hizo cargo de ella luego de un accidente. En uno de sus cotidianos paseos matutinos, fuera del asilo, un bus de transporte urbano la golpeó en la cabeza.

Pese a la tranquilidad de su vida, a Zoila le preocupa el calentamiento global y que el planeta se destruya poco a poco. “Lo bueno es que no voy a estar cuando se destruya todo esto”, dice con preocupación. El comentario arranca una sonrisa de su nieta Kitty Lobatón, quien comenta: “Es que ella lee los periódicos completitos y está enterada de todo lo que pasa en el mundo”.

Tenía apenas dos años cuando el 28 de enero de 1912 el hombre que siempre admiró fue asesinado. “Eloy Alfaro, para mí, será siempre el mejor ciudadano y el más grande presidente”, afirma con vehemencia y nuevamente repite la frase de amar profundamente a su Lolita.

En el transcurso de su vida, ella ayudó a su esposo en su oficio de sastre. “Mis confecciones fueron hasta New York, según me han contado mis hijos”, refiere, mientras su hija Cruz recuerda que era ella la que se encargaba de comprar los materiales de costura.

Su comida favorita son los mariscos, especialmente el pescado y el cangrejo y todos los postres que le ofrezcan.

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