¿Recuerda la época, reciente, en que casi cualquier persona podía crear un fondo de cobertura? Lucía sencillo: miles de millones de dólares eran arrojados como papelillos, incluso a administradores novatos. Podía ganar dinero con los ojos cerrados. Así parecía. Ronald G. Insana fue una de las personas que persiguieron ese sueño.
Durante más de una década, como uno de los conductores más destacados del canal noticioso de cable CNBC, había entrevistado a titanes del sector y tratado de darle sentido a las variaciones diarias de los mercados financieros.
En marzo del 2006, Insana abandonó el canal para tratar de convertirse en uno de esos titanes, al establecer un fondo destinado a ayudar a los inversionistas a tener acceso a los fondos de cobertura, un llamado fondo de fondos.
Este mes, anunció que tiraba la toalla. Si algo había acumulado a lo largo de su trayectoria periodística, eran excelentes contactos.
Conocía a todos los protagonistas del negocio de los fondos de cobertura, motivo por el cual, al crear Insana Capital Partners, optó por establecer un fondo de fondos.
Su papel como administrador de Insana Capital Partners lo llevaría a fungir como un tipo de intermediario de fondo de cobertura encauzando dinero hacia diferentes fondos. Sus clientes verían su dinero invertido en, entre otros, SAC Capital, administrado por Steven A. Cohen, o Renaissance Technologies Corporation, a cargo de James H. Simons, tal vez el administrador de fondos de cobertura más exitoso del mundo. Tales fondos están generalmente cerrados al público.
A cambio de este acceso, les cobraba a sus inversionistas una cuota de administración del 1,5% y embolsaba el 20% de sus ganancias.
Podrá parecer un buen negocio, pero considere que esas cuotas se suman a las cuotas cobradas por los fondos de cobertura en sí. (En el caso de Simons, en particular, éstas son astronómicas: una cuota de administración del 5% y más del 40% de las ganancias).
En 14 meses de actividad, Insana recaudó unos 116 millones de dólares. En el mismo periodo, el índice bursátil Standard & Poor’s 500 cayó más del 15%. El fondo de Insana perdió 5%.
Para un fondo pequeño como el de Insana, resulta imperativo ganar dinero, independientemente de que el S&P esté al alza o a la baja y, puesto que no fue el caso, la porción del 20% de su estructura de honorarios perdió todo valor.
Eso dejaba su cuota de administración, que ascendió a 1.740.000 dólares. Podrá parecer mucho, pero no lo es. Insana se vio obligado a ceder casi la mitad de la sociedad en nombre colectivo a su primer inversionista, en este caso Deutsche Bank, a cambio de respaldo.
Tras pagarle a Deutsche Bank, a Insana Capital Partners le quedó sólo 870.000 dólares.
La cantidad hubiera sido suficiente si se hubiera tratado tan sólo de Insana y una secretaria.
Pero él esperaba atraer más de mil millones de dólares de inversionistas y la mayoría de las grandes instituciones ni siquiera consideran invertir en un fondo que no tenga una infraestructura adecuada.
Insana tenía 7 empleados y desembolsaba cada mes más de 3.000dólares por las 2 oficinas que rentaba, al tiempo que recorría el globo en busca de inversionistas.
En semejantes circunstancias, los 870.000 dólares no iban a durar mucho.
El 8 de agosto, Insana les envió a los inversionistas una carta. “Debido al nivel actual de los activos que administramos, aunado al entorno de recaudación de capital extraordinariamente adverso, resulta imprudente que Insana Capital Partners prosiga con sus operaciones de negocios”, escribió. En 2002, escribió un libro titulado Monitoreo de tendencias: no se deje engañar por la nueva moda, manía o burbuja de inversión”. Auch.