Han estudiado de cerca a sospechosos, en busca de peculiaridades mentales, sugerido líneas de interrogatorio y ayudado a decidir cuándo una confrontación es demasiado intensa, o cuándo es necesario presionar más. En mayor grado que las personas en otras profesiones médicas, los psicólogos han jugado un papel central en los interrogatorios realizados por el Ejército de Estados Unidos y la CIA a presuntos combatientes enemigos.
Pero ahora, la profesión, durante mucho tiempo dividida respecto a este papel, considera si debe hacer que cualquier participación en interrogatorios represente una violación a su código de ética.
En la reunión anual de la Asociación Psicológica de Estados Unidos, este mes, en Boston, miembros prominentes denunciaron tal labor como carente de ética por definición, mientras que otras figuras clave, civiles y militares, insistieron en que restringir los papeles de los psicólogos sólo elevaría las posibilidades de que los interrogatorios dañen a los detenidos.
Al igual que otras organizaciones profesionales, la asociación cuenta con poca autoridad directa para restringir la capacidad del ejercicio.
Sin embargo, consejos estatales de otorgamiento de licencias pueden suspender o revocar el permiso de un psicólogo para ejercer su profesión y expertos señalan que estos consejos por lo general toman en cuenta las violaciones al código de ética.
“Realmente es una lucha por el alma de la profesión”, manifestó Brad Olson, psicólogo en la Universidad Northwestern, en Illinois, quien ha recabado firmas entre miembros para poner a tales asesorías en moratoria. Otros discrepan categóricamente.
Al centro del debate están los equipos consultores en ciencias conductuales del Ejército, compuestos por psicólogos y otros para asistir en los interrogatorios.
Se sabe poco sobre estas unidades, como el número de psicólogos que participa. Ni el Ejército ni los miembros del equipo han revelado muchos detalles.
Los defensores de ese papel insisten en que los equipos son cruciales para que los interrogatorios se mantengan seguros, eficaces y legales. Los críticos señalan que el propósito principal es ayudar a quebrantar a los detenidos, a través de métodos que podrían violar las leyes internacionales.
En documentos de tribunal, presentados el 14 de agosto, los abogados de Mohammed Jawad, detenido en la base de la Armada de Estados Unidos, en la Bahía de Guantánamo, en Cuba, establecieron que el reporte de un psicólogo contribuyó a enviar a Jawad, adolescente en ese entonces, a una celda aislada, donde se volvió cada vez más desesperado.
De acuerdo con los documentos, el psicólogo, cuyo nombre no ha sido dado a conocer, completó una evaluación de Jawad luego de haber sido visto hablando con un póster pegado a la pared de su celda.
Poco después, en septiembre del 2003, fue aislado de los otros detenidos y fueron ignoradas muchas de sus solicitudes de ver a un interrogador.
Después, intentó suicidarse, detallan los documentos, que solicitan que el caso sea desechado con base en el tratamiento abusivo.
El tribunal de Guantánamo está en proceso de revisarlo. Los abogados militares han negado que Jawad sufra de problemas mentales derivados de su interrogatorio.
El psicólogo en el caso ha invocado al Artículo 31 del Código Uniforme de Justicia Militar, el equivalente del Ejército a la Quinta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que protege a la gente de ser forzada a autoincriminarse.
Las más recientes enmiendas a la ética de la asociación psicológica condenan firmemente las técnicas coercitivas adoptadas en la campaña antiterrorista de la administración Bush. Sin embargo, sus actuales directrices que abarcan la práctica concluyen que “es consistente con el código de ética de la asociación que los psicólogos lleven a cabo papeles consultivos en los procesos para interrogar y recabar información con propósitos relacionados con la seguridad nacional”, siempre y cuando no participen en ninguno de 19 procedimientos coercitivos, como inmersión de la cabeza en agua, el uso de capuchas y cualquier ataque físico.
Algunos psicólogos, aunque estén horrorizados por estas técnicas, enfatizan que también existe un peligro al no participar.
“No hay duda de que se puede abusar de la presencia del psicólogo”, aseveró Robert W. Resnick, que tiene una consulta particular, en Santa Mónica, California, “pero si no hay presencia, entonces no hay rendición de cuentas, y te alejas con una sensación de nobleza y rectitud, pero no has hecho absolutamente nada”.