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Católicos rebeldes provocan ira en Venezuela

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Jon Jen Siu-García (izq.), y Simón Alvarado, obispos casados en una iglesia católica disidente venezolana, con sus hijas.
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Agosto 31, 2008

Por SIMON ROMERO | CABIMAS, Venezuela

Desde una capilla improvisada en una escuela, donde un retrato del presidente Hugo Chávez y consignas revolucionarias de su gobierno adornan la entrada, los obispos de la nueva Iglesia Católica Reformada de Venezuela les daban la bienvenida a los asistentes a la misa dominical.

El obispo misionero Simón Alvarado, de 39 años, rasgueó una guitarra y dirigió a la pequeño grupo en el canto de los himnos. El obispo coadjutor Jon Jen Siu-García, de 37 años, dio un sermón sobre ayudar a los pobres, mientras su esposa, Hiranioris Calles, de 24 años, le sonreía desde su asiento.

“La Iglesia de Roma teme que pueda perder a más sacerdotes como nosotros”, expresó Siu-García.

Es hijo de inmigrantes, de padre cantonés y madre colombiana, quienes se establecieron en la ciudad a orillas del lago de Maracaibo.

“Y debería tener miedo, dado el nivel de escándalo sobre sus abusos internos y la hipocresía en el combate a la pobreza”.

La deserción de un puñado de sacerdotes y el que hayan fundado la Iglesia Católica Reformada, culto disidente que simpatiza abiertamente con el gobierno de Chávez, ha provocado la ira de los líderes católicos venezolanos. Desde su creación, en junio, la iglesia incipiente ha alimentado un nuevo debate sobre la interacción de la religión y la política en una de las naciones más seculares de Latinoamérica.

“Lo que quieren hacer es acabar con la Iglesia Católica, pero no lo han logrado”, expresó el arzobispo Roberto Lückert, uno de los críticos más estridentes de Chávez en la jerarquía católica de Venezuela.

Su crítica contra la iglesia fue mordaz. “Se visten como sacerdotes, celebran bautismos y confirmaciones, todo pagado por el Gobierno, mientras la gente pasa hambre”, manifestó.

Los líderes de la Iglesia Católica Reformada, sin embargo, afirman que su nueva iglesia representa una fusión de lo mejor de las tradiciones anglicanas y católicas. Aunque niegan rotundamente que reciben financiamiento del gobierno de Chávez e insisten en que su iglesia no tiene afiliaciones políticas, sí profesan solidaridad con Chávez, quien en repetidas ocasiones ha entrado en conflicto con la jerarquía católica desde que ascendió al poder, hace una década.

“Comparto el proyecto revolucionario del presidente Chávez, puesto que es un proyecto socialista y humanista para las masas”, indicó Enrique Albornoz, ex pastor luterano que es obispo principal, el máximo dirigente, de la Iglesia Católica Reformada. Afirma que cuentan con unos 2.000 miembros en Cabimas y otras ciudades petroleras en Zulia, el estado más poblado de Venezuela.

Gobernado por un líder de la oposición quien se postuló contra Chávez para la Presidencia en el 2006, el estado occidental de Zulia aún es un bastión de oposición conservadora al Gobierno central.

Un gran número de sus residentes ven con recelo la redistribución de la riqueza de los campos petroleros alrededor del lago de Maracaibo a partes más pobres del país.

Sin embargo, el mismo Zulia es un lugar lleno de contrastes. Allí no sólo viven ganaderos y petroleros acaudalados, sino también allí se encuentran los lugares que realmente producen el petróleo, como Cabimas y otras ciudades. En esos sitios, persiste la pobreza extrema 10 años después de que Chávez asumió la Presidencia y, con ella, un intenso debate sobre la justicia social.

“Chávez está llevando a cabo la obra de Dios, y espero que nuestros sacerdotes aquí hagan lo mismo”, expresó Janeth Vicuña, de 54 años, ama de casa que asiste a los servicios de la Iglesia Católica Reformada. “La vieja Iglesia Católica afirma que trabaja en beneficio de los necesitados, pero ¿qué han hecho por nosotros en todos estos siglos?”


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