Muchos chinos esperaban una desaceleración económica luego de las Olimpíadas, pero ésta comenzó antes de los juegos.
Las fábricas chinas admitieron en julio que los pedidos habían disminuido. Las exportaciones apenas crecen. El mercado inmobiliario se debilita.
La desaceleración del crecimiento chino es uno de los motivos por los que el precio internacional de metales como el cobre, el estaño, el zinc y el aluminio cayó en las últimas semanas, dado que muchas de sus fábricas cerraron o redujeron su consumo.
Aunque las dificultades chinas pueden reducir la presión inflacionaria mundial, amenazan con reducir aun más el ya débil crecimiento económico global.
“En China hay una marcada desaceleración que seguirá profundizándose”, señala Hong Liang, economista de Goldman Sachs a cargo de China. Los economistas preven que el crecimiento pasará de su ritmo de 11% anual a 9% o 9,5% en 2009.
Un crecimiento de 9% hará mucho más difícil la creación de empleos para los millones de chinos que se trasladan de las zonas rurales a las ciudades en busca de trabajo. En momentos en que las empresas luchan por encontrar suficiente mano de obra para mantener las fábricas funcionando, un crecimiento más lento podría infligir un golpe a los trabajadores que recibían aumentos salariales de dos dígitos todos los años.
La forma en que las autoridades manejen una economía más lenta, así como su efecto en una población de 1.300 millones de personas, constituirá una prueba para el régimen. Éste parece reaccionar con rapidez.
En una reunión del Politburó que tuvo lugar el 25 de julio se reemplazaron los objetivos económicos nacionales para evitar un recalentamiento de la economía y controlar la inflación. Según lo anunció el presidente Hu Jintao, ahora los objetivos son buscar un crecimiento económico rápido y sostenido al tiempo que se trata de controlar la inflación.
“Debemos mantener un desarrollo constante y relativamente rápido y controlar los aumentos de precios excesivos. Esas son las prioridades”, dijo a comienzos de agosto ante la prensa.
Las autoridades chinas instrumentaron una serie de frenos a la economía durante los últimos cinco años para limitar la inflación, pero ahora están eliminando algunos para evitar una excesiva desaceleración del crecimiento.
Por ejemplo, tras permitir que la divisa china experimentara un alza abrupta en relación con el dólar en la primera mitad del año, el banco central chino impulsó una baja. Eso contribuye a preservar la competitividad de las exportaciones chinas, aun con el riesgo de irritar a Estados Unidos y otros socios.
La débil demanda estadounidense en 2007, a la que ahora se suma Europa, es parte del nuevo problema de China.
Hay indicios de que su mercado inmobiliario declina luego de años de aumentos de precios y advertencias sobre una posible burbuja. Min Hwa, operador inmobiliario de una ciudad cercana a Hong Kong, señala que los precios de las viviendas en barrios codiciados de la ciudad cayeron un 10% en 2008. Los precios en los barrios más alejados experimentaron una caída de hasta el 40%. En los últimos meses hay muchos menos compradores”, dice.
Andy Rothman, un economista especializado en China de CLSA, una firma de Hong Kong, declara que en casi la mitad de las provincias hubo escasez de energía este verano. “La desaceleración de la economía evitará que el problema se extienda”, explica.
Por otra parte, la enorme inversión china en redes de transporte empieza a dar muestras de un aumento de la productividad, lo que puede contribuir a que China enfrente una desaceleración económica global en mejores condiciones que otros países.
Por ahora, sigue recibiendo inversión extranjera, orientada cada vez más a las industrias de mayor nivel tecnológico, aunque otros países asiáticos atraen más capitales.