La globalización reparte prosperidad, pero también dolor cuando los tiempos son malos. Productores de algodón en EE UU sienten los efectos de la poca demanda de textiles desde China.
De la cultura del exceso a la austeridad
¿Una enorme camioneta? Cámbiela. ¿La casa de fin de semana? Véndala o conviértala en una propiedad rentable. ¿Y esas botas carísimas? Déjelas en la zapatería.
En estos días, gastar y tener demasiado significa que se está desfasado. La economía global se desacelera y en todo el mundo la gente gasta, maneja y consume.
Las empresas automotrices pierden miles de millones de dólares a medida que se evapora la demanda de vehículos que consumen demasiado combustible.
En Nueva York, cuya Semana de la Moda está a punto de comenzar, las botas de 2.000 dólares de Gucci ya no ejercen una seducción instantánea.
Los departamentos elegantes de algunos lugares de Inglaterra o los balnearios españoles permanecen vacíos. ¿Cómo pasó todo esto?
La ciudad de Merced, en California, es un ejemplo de la chispa que inició un incendio financiero global. Como escribió David Streitfeld en The New York Times, mientras el boom inmobiliario se encontraba en su apogeo, el gobierno local aprobó la construcción de miles de viviendas, algunas de las cuales costaban 500.000 dólares. Nadie preguntó si una ciudad de las dimensiones de Merced, donde una familia media ganaba 24.000 dólares anuales, podía absorber tales casas.
“Tener una casa es el sueño americano”, le dijo a Streitfeld un productor inmobiliario, Jamie Schrole.
“El lema de ‘si no se corren riesgos no hay preocupaciones ni se pierde dinero’ resultó ser sólo un sueño. En la actualidad Merced tiene uno de los niveles más altos de ejecuciones hipotecarias de Estados Unidos.
Los países que pensaron que podían salvarse de las crisis que castigaban a Estados Unidos ahora también sucumben a éstas. Mark Landler, de The New York Times, informó que España, Irlanda y Dinamarca se encuentran en recesión o al borde de ella.
La recesión se extendió desde Gran Bretaña hasta China, y las fantasías de cocinas de lujo cedieron paso al realismo. Sin duda las comodidades siguen despertando emoción, sobre todo cuando se las pinta como excesos.
Cuando Barack Obama criticó a su rival John McCain por no saber cuántas casas tenía (su esposa, Cindy, es propietaria de diez, entre ellas propiedades que se alquilan), McCain replicó que Obama tenía una “mansión” con cuatro hogares y una bodega. De esos ataques surge que la sensibilidad de los votantes, que están aprendiendo a vivir con menos, ocupa un lugar central en la campaña presidencial de los Estados Unidos.
La política no es el único ámbito donde las cosas están volviendo a la tierra. En la moda, por ejemplo, los ruedos bajan. “La moda es siempre un espejo de la sociedad”, escribió Suzy Menkes desde París. “Las francesas, que siempre usaron atuendos cortos ahora usan vestidos largos hasta el suelo”.
Los precios, sin embargo, no tienden a bajar. “Hay demasiadas cosas caras”, manifestó Sher Bahader, un taxista de Riad que habló con Landon Thomas Jr., de The New York Times. La inflación de Arabia Saudita llegó al nivel más alto de los últimos treinta años. Hay que recortar, moderarse y conservar. La ostentación está fuera de lugar en una época en la que se hace menos con… menos. Como dijo Cindy Lashbrook, de Merced: “Tenemos que dejar de pensar que más crecimiento es siempre la respuesta correcta.”