Los idiomas del Cáucaso explican mucho sobre el reciente conflicto en ese lugar.
En la región se hablan unas 40 lenguas indígenas, más que en ningún otro lugar en el mundo, salvo Papúa Nueva Guinea y partes del Amazonas, donde las selvas son tan espesas que las tribus muy raras veces encuentran a otra. En el Cáucaso, las montañas sirven para el mismo propósito, al ofrecerles a las pequeñas etnias un refugio natural contra las más peligrosas o agresivas.
Como resultado, existe una densa colección de grupos étnicos, cosa común antes de que los imperios griego y romano se extendieran por Europa y Asia y le dieran forma de estado a parches étnicos, dijo Johanna Nichols, lingüista en la Universidad de California, en Berkeley.
Los estudiosos medievales llegaron a la conclusión de que los grupos caucásicos se dispersaron cuando Dios destruyó la Torre de Babel. Desde entonces, varias generaciones de lingüistas han recorrido el laborioso camino entre las montañas para documentar tales lenguas como el svan, el ubijé, el udi, el tsova-tush y el bzyb.
Mientras el campo de estudio explicó poco a poco cómo los idiomas del mundo se relacionan entre sí, el Cáucaso se mantuvo como “un área problemática residual”, señaló William J. Poser, catedrático adjunto de lingüística en la Universidad de Columbia Británica. Aunque los idiomas caucásicos caen dentro de tres grupos principales, hasta ahora ninguno ha sido relacionado con ningún otro idioma en la tierra.
Este verano, las etnias caucásicas repentinamente se volvieron relevantes cuando los odios locales en Osetia del Sur provocaron la ruptura más grande entre Rusia y el Occidente desde la Guerra Fría.
Tanto los georgianos como los osetios afirman haber sido los primeros en llegar a Osetia del Sur, tierra que los georgianos algunas veces llaman “Samachablo”, es decir, propiedad de la familia georgiana de los Machabeli, de acuerdo con un reporte sobre el conflicto realizado por el Grupo Internacional de Crisis. Los osetios consideran al valle alrededor de Tsjinvali como su patria; los georgianos los menosprecian al tacharlos de “visitantes”.
Una guerra entre ambos grupos, a principios de los 90, los dividió casi quirúrgicamente. Los jóvenes georgianos dejaron de aprender ruso, lengua franca de toda la región en la época soviética; los jóvenes osetios no aprendieron georgiano. La gente mayor, que hablaba ambos, fingía no hacerlo.
Magdalena Frichova, que monitoreó el conflicto en Osetia del Sur durante 10 años para el grupo de crisis, recordó ver a las autoridades locales que esperaban a un traductor, aún cuando era obvio que entendían. Con el tiempo, las personas empezaron a batallar con los idiomas que anteriormente hablaban con fluidez.
“Conscientemente hacen un esfuerzo por olvidarlo”, dijo Frichova. “He escuchado eso una y otra vez. Se puede firmemente decidir qué escuchar y qué recordar”.
“Un idioma es el indicio principal de la existencia de un pueblo”, dijo George Hewitt, de la Universidad de Londres, quien se especializa en abjasio, idioma que se habla en Abjasia, otra región separatista de Georgia. “Si un idioma muere, también muere la cultura”.