Roberto Viciano, catedrático de la Universidad de Valencia, experto en temas constitucionales, sinuoso e influyente ideólogo político, fue el principal asesor extranjero en la redacción del proyecto de nueva Constitución de acuerdo con el convenio que celebró la Asamblea Constituyente con el Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), de España. La cita preferida de Viciano es uma frase de George Bernard Shaw: “Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ¿por qué no?”.
Ollanta Humala, coronel en retiro del ejército peruano, ex combatiente de la guerra del Cenepa, ex candidato a las elecciones presidenciales en su país, es también uno de los políticos peruanos con mayores opciones para llegar a la presidencia de la vecina nación.
Viciano y Humala no se conocían pero ahora sí, especialmente luego del ofrecimiento que hizo Hugo Chávez al político peruano, faltaba decir Viciano es también asesor cercano de Chávez. Ustedes pueden preguntarse, ¿hay algo de extraño o de incorrecto en esa relación profesional entre Viciano y Humala? En lo más absoluto, el uno es un asesor constitucional que cobra caro e influye bastante y el otro es un candidato que requiere naturalmente cualquier asesoría, específicamente en temas constitucionales para el cambio revolucionario que aspira llevar en Perú.
Viciano, quien de acuerdo al diario El Comercio, “participó casi en todas las reuniones del bloque de gobierno incluso antes en la instalación de la Asamblea Constituyente” en el Ecuador, está asesorando o lo hará en muy poco tiempo a Humala pero, y aquí viene el pero, hay que recordar que Humala afirma que la mayor aspiración de su movimiento es renovar el sentido incásico patriótico y nacionalista en el Perú, aspirando también que en algún momento cercano se puedan reivindicar los límites del Tahuantinsuyo, extenso imperio de los incas quienes, a propósito, “penetraron en territorio ecuatoriano a sangre y fuego, mataron a miles de soldados locales y enviaron de mitimaes a otros tantos habitantes, diezmando decenas de pueblos que quedaron convertidos en asientos de huambracuna, al final, conquistaron el país aborigen e impusieron la efímera pax incana. En total fueron 80 años de zozobra y dolor para los habitantes del Ecuador aborigen”.
Propongo el siguiente análisis: Viciano, asesor de la Asamblea ecuatoriana y probable consejero político de Humala, tendrá entonces un dilema, ¿cómo responder al desmedido ex militar peruano en sus visiones de la soberanía incaica y los confines del Tahuantinsuyo?, ¿qué responderá Viciano si Humala le recuerda que la mayoría de los grupos indígenas de la sierra ecuatoriana “coinciden en señalar en sus tradiciones a los incas como sus antepasados directos”, mientras que la Conaie usa la bandera imperial del Tahuantinsuyo como su portaestandarte?, ¿qué pensará Viciano cuando Humala le diga que hay que aprovechar el fenómeno del “incaísmo”, cuyos alcances pocos imaginan y muchos menos conocen? ¿Le dirá Viciano a Chávez “pues hombre, esto es un desmadre, en qué me has metido”, o más bien contribuirá a la redacción de la nueva Constitución del Tahuantinsuyo? ¿Por qué no?