El Centro Financiero Mundial de Shanghai (SWFC), el tercer rascacielos más
alto del mundo y el mayor de China, con 492 metros de altura y 101 pisos, fue
inaugurado hoy en el distrito financiero de Shanghai, como una nueva seña de
identidad del principal enclave económico del país.
El edificio, que
aloja entre sus pisos 79 y 94 el hotel Park Hyatt, el más alto del mundo, y en
su piso 100 el mirador turístico a mayor altura de todo el planeta (474 metros),
espera recibir tres millones de visitantes al año.
Los únicos rascacielos
que le superan en altura son la Torre Burj de Dubai (Emiratos rabes Unidos), aún
en construcción y que tendrá cerca de 800 metros (las obras ya superan los 600),
y la Taipei 101 (Taiwán, 508 metros y 101 pisos).
El rascacielos
shanghainés se encuentra en el área financiera de Lujiazui, justo al lado del
sexto edificio más alto del mundo, la torre Jin Mao (420 metros y 88 pisos), y
junto al solar donde se alzará hacia 2012 el segundo mayor del planeta, el
Centro de Shanghai (632 metros y 127 pisos).
Entre sus pisos 94 y 100, el
SWFC cuenta con un vano en forma trapezoidal, un hueco que en un principio iba a
ser circular pero que tuvo que ser sustituido por un trapecio para no herir la
sensibilidad local, ya que el círculo hacía pensar en una "insultante" bandera
de Japón (rival histórico de China).
"Al principio comenzamos con una
abertura redonda, de manera natural, porque coincide con la mitología china del
círculo como representación de la unidad y del cielo", explicó a Efe Eugene
Kohn, presidente de la firma estadounidense Kohn Pedersen Fox Associates,
diseñadora del edificio.
"Lo que no pensamos fue lo del aspecto del sol
naciente que se contempla, desafortunadamente, desde el punto de vista chino,
aunque lo entendimos", añadió.
"Aunque la idea original era construir un
gran círculo para permitir al viento pasar a través del edificio, la forma podía
cambiar, y en realidad nos gusta más ahora: el diseño actual se ajusta mucho
mejor a la estructura y a las funciones dentro y fuera de ella, es mucho mejor
para el edificio", aseguró.
A pesar del aspecto emblemático que le
confieren su altura, su ubicación y su hueco en la parte más alta, Kohn, que
criticó que muchos rascacielos actuales son demasiado "esculturales" y ahí "la
forma es lo más importante", dijo que el suyo trata de ser "una hermosa fusión
de forma y funcionalidad, eficiencia y elegancia".
Además, señaló,
"funciona muy bien en armonía y contraste con la torre Jin Mao", que hasta ahora
contenía el anterior hotel más alto del mundo, el Grand Hyatt (pisos 54 a
87).
Desde ahora esa gigantesca torre de cristal podrá ser vista desde
arriba no sólo en el observatorio, sino en muchas habitaciones del Park Hyatt
del SWFC, un espectáculo imposible hasta hoy.
El Park Hyatt, que empezará
a funcionar en octubre, contará con cerca de 700 empleados para sus 174
habitaciones (32 de ellas suites), lo que equivale a unas tres personas por
cliente, señaló a Efe Cai Yingzi, responsable de eventos del hotel.
Un
bar y restaurantes con vistas espectaculares sobre el futurista distrito
financiero y el corazón de la ciudad, con paredes decoradas en piel, 4.000
variedades de vino y cocineros que trabajan a capricho del cliente, unen su
atractivo a lujosas habitaciones de unos 500 euros la noche (730
dólares).
"Por ahora es el hotel más alto del mundo, pero somos
conscientes de que es la calidad del servicio personalizado lo que hará que la
gente vuelva a alojarse aquí", explicó Cai.
El edificio, que está
sustentado en 2.200 pilares de acero enterrados 78 metros en el suelo, y que por
cada 12 pisos cuenta con uno de seguridad para facilitar la actuación ante
posibles incendios, alberga también oficinas (pisos 7 a 77), un centro de prensa
(28 y 29), y locales comerciales en su plantas bajas.
Durante 14 años de
proyecto, se vio paralizado en 1997 por la crisis económica del sudeste
asiático, en 2001 por los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y
en el 2003 por el Síndrome Respiratorio Agudo y Grave
(SRAG).
Financiado por la corporación japonesa Mori Building y levantado
por una constructora china, no sólo es un nuevo "símbolo de Shanghai ante el
mundo", sino una muestra de la "amistad entre ambos países", concluyó el
presidente de la corporación nipona, Minoru Mori.