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| Nadie controla el aumento de los delitos |
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Es increíble –y diría hasta inaceptable– escuchar desde Carondelet que la seguridad en el país ha bajado; discurso que se repite en las huestes policiales, cuando sacan sus cuadros estadísticos tratando así de convencer a la comunidad de que la inseguridad está a la baja.
Reza un aforismo que “Todo depende con el lente que se miren las cosas”. ¿Quién de la media de los comunes habitantes de este país se moviliza en su vehículo con mínimo dos guardaespaldas armados y dos carros más, llenos de agentes y hombres de seguridad, y realiza actos de demagogia para quedarse en barrios populares a dormir como uno del “pueblo”? Si lo hacen sería bueno que sientan lo que todos sentimos y no lleguen con todo un ejército de guardaespaldas, y sepan lo que es dormir con un ojo abierto, caminar o circular por las calles con la incertidumbre de pensar “cuándo me toca a mí”.
Vemos cómo la gente realiza marchas en contra de la delincuencia, mientras nos asaltan, matan en las calles por menos de cinco dólares.
Se ha perdido el respeto, el sentido de comunidad de convivencia en armonía. Ahora se fomenta la rivalidad, la envidia, el odio entre un mismo pueblo. ¿Qué hicimos mal, para recibir este castigo?
Se siente la inseguridad, el temor, la incertidumbre, la impotencia. Insistirán en convencernos de que la seguridad está bajando, pero vemos en las calles todos los días: asaltos, violaciones, robos, estruches, sicariatos, sacapintas, incluso, mulas en libertad.
Renne Endara M., Guayaquil |
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| Con los niños y jóvenes, no I |
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¿Qué más se puede esperar de una persona que incita a que la juventud universitaria de su propio país se enfrente a golpes? A que ahora, los más chicos, los adolescentes y niños de colegios, se dividan en defensa del “Sí” o del “No” a la Constitución que será puesta a consulta popular.
¿A dónde se está llevando a los que son futuro de nuestra patria? Al odio, al enfrentamiento, a la violencia de chicos contra chicos; mientras las autoridades del país y las académicas, o sea, las personas mucho mayores y con “poder”, miran los tristes sucesos, se lavan las manos, engañan con discursos, y dejan toda la carga de resentimiento, desunión, y odio a nuestros educandos. Reflexionemos bien en el daño que están haciendo a nuestra gente joven. Si no hay ley en el mundo para esas personas por lo que están haciendo, al final de sus días les caerá la Ley de Dios, y de esa, no se escaparán.
Antonio Cruz, Riobamba
Las personas que trabajamos en el área de la educación, observamos con sorpresa los eventos del sábado 16 de agosto en la Universidad Católica de Guayaquil.
Suponemos que el Consejo Universitario aprobó la utilización del aula magna para que el presidente Correa desarrolle su acostumbrado mensaje de los sábados, cuya tónica habitual ya todos conocemos. La Universidad Católica siempre se ha caracterizado por ser una institución pacífica. ¿Ninguna de sus autoridades pudo prever que se podría provocar un enfrentamiento entre los alumnos? Afortunadamente no hubo heridos graves, pero en las fotos de los diarios se vio a estudiantes corriendo y evitando la agresión de contrincantes y policías, y jóvenes derribadas en el suelo.
No formo parte de ningún grupo político, ni de la larga noche neoliberal, ni soy infiltrada, pero no logro comprender cómo una persona que, según tengo entendido, alguna vez ejerció la docencia y más aún tiene en la actualidad la investidura de Presidente de nuestra nación, pudo haber dicho a los jóvenes que lo acompañaban: “...así que chicos, resuelvan ustedes mismos el problema. Ustedes son cuatrocientos y ellos cincuenta…”. Sería terrible la irresponsabilidad, por ejemplo, de un profesor de sexto de bachillerato que con respecto a los alumnos de primero de educación primaria, les dijera a los primeros: “chicos, ustedes son más fuertes y grandes que esos niños, vayan y resuelvan el problema”, y si de ello resultara una batalla campal con lesionados, con toda seguridad ese “profesor” sería justamente sancionado.
Ante estos hechos, ¿quién de la Universidad Católica dará una explicación a los miles de ex alumnos y padres de familia, que sorprendidos observamos el riesgo innecesario que se hizo correr a los alumnos, en un evento que además no aportaba absolutamente nada a su formación, pues no se trataba ni siquiera de un foro o debate enriquecedor entre jurisconsultos prestigiosos de tendencias políticas diferentes?
Alexandra Andrade F., doctora, Guayaquil |
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| Con los niños y jóvenes, no II |
| Olmedo, Antepara, Letamendi, Ximena, y todos los próceres de Octubre como el tatarabuelo Luis Fernando Vivero, deben estar avergonzados en sus tumbas porque un grupito de gamberros, crías de la más feroz oligarquía que ha corrompido al país tanto tiempo, no solo agraviaron a la Universidad y la cultura, sino que han escarnecido a la ciudad del 9 de Octubre y del 5 de Junio, haciendo gala de patanería e insolencia que todo el pueblo no solo rechaza, sino que ya los identificó como enemigos de la patria, que están a favor del “No”, defendiendo sus intereses que se encuentran basados en la corrupción y la concupiscencia, que tanto daño han hecho y hacen al Ecuador.
J. Geo Chambers Hidalgo, abogado, Guayaquil
Es sorprendente cómo su “majestad” puede expresarse como le da la gana, pero pobre de alguien que diga o exprese un gesto inapropiado según él, para que ponga a trabajar a toda su seguridad y mande a defender la democracia, y propicie un enfrentamiento absurdo entre estudiantes, al futuro de la patria.
¡Qué ejemplo le está dando a nuestros hijos! Yo, como madre, me siento indignada ante un hombre que cree que con la prepotencia, se obtienen los mejores resultados. El video que presentó en cadena nacional muestra ya lo último, o sea cuando los estudiantes fueron ya agredidos, ellos tenían que defenderse, ¡ni que se dejen matar! ¿Por qué fue a la universidad de “pelucones”?, no dizque siente rabia por esa gente.
El cambio debe venir por él mismo. ¿Por qué mejor no se pone a trabajar? Apoyo a los jóvenes universitarios, no se dobleguen. A lo que se está incitando es a pelear unos contra otros. Que Dios nos ilumine y no permita barbaries.
Anunziatta de Rodríguez, Guayaquil
Los incidentes sucedidos en la Universidad Católica de Guayaquil, tienen diferentes lecturas, la una la de los “hijitos de papito” que se ha difundido en medios de comunicación, cuando lloriquean diciendo que los han agredido, y no reconocen que ellos fueron a buscar bronca; tres golpeados y ponen el grito en el cielo.
La otra lectura, de quienes organizaron un acto político al cual invitaron al Primer Mandatario, señala que respondieron a un grupo de señoritos que llegó a agredir, pero quien intervino realmente fue la fuerza pública; les dieron su parte. Prepotencia de aniñados, pelucones, hijitos de papá y mamita, acostumbrados a hacer lo que les da la gana en todo el país. No pueden permitirle al propio Presidente de la República, ex estudiante de esa institución, que haga su informe, y azuzados por la partidocracia y grupos de poder guayaquileños, buscaron bronca y salieron mal parados. Provocan enfrentamientos para luego adoptar el papel de víctimas. Como nunca han estado en las calles en luchas populares, enfrentando a la verdadera represión, apenas reciben un golpe, salen a chillar en la televisión. Escogieron el camino equivocado porque sin discurso, sin análisis, con la mentira, no llegarán a nada.
Ernesto Villacís Mejía, Quito |
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