viernes 29 de agosto del 2008 Columnistas

Acento sobre lo negativo

EE.UU. |

En un mundo ideal, los políticos serían juzgados por sus acciones, no por su riqueza o falta de ella. Franklin Delano Roosevelt nació en la riqueza, pero eso no le impidió hacer más por los trabajadores estadounidenses que cualquier presidente antes o después. Y al revés, la historia personal de penuria en el caso de Joseph Biden, si bien es inspiradora, no impidió que él apoyara la odiosa iniciativa de ley sobre bancarrota de 2005.


Así que la campaña de Obama ya recurrió a la política de la destrucción personal, intentando convertir la incapacidad de John McCain para recordar cuántas casas tiene en uno de los temas de peso en la campaña. Y el giro se produce justo a tiempo.

Más o menos a lo largo del último mes, muchísimos demócratas han tenido la desagradable sensación de que una vez más su candidato trajo un cuchillo a una pelea con pistolas. La campaña de Barack Obama, de manera inexplicable, no estaba preparada para el inevitable ataque republicano sobre el carácter moral del candidato. Para mediados de la semana pasada, lo que otrora fue la formidable delantera de Obama, tanto en las encuestas nacionales como en proyecciones del colegio electoral, fundamentadas en sondeos de opinión a lo largo de estados, prácticamente se había evaporado.

La menguante ventaja de Obama evocó malos recuerdos de la campaña de 2004, cuya lección clave fue que no existen límites para el Partido Republicano en cuanto a la forma que pueden asumir sus ataques al carácter moral de las personas.

Se podría pensar, por ejemplo, que un partido que alega brindarle respaldo a las tropas estadounidense se distanciaría de un ataque hacia el registro militar de un héroe de guerra, pero, en 2004, las mentiras de las embarcaciones Swift fueron aceptadas de manera entusiasta por activistas republicanos y contribuyeron a neutralizar la ventaja que, supuestamente, John Kerry obtendría a partir de su biografía.

Y se pudiera pensar que un partido político que está comprometido con las reducciones fiscales para los ricos, un partido que castiga de manera rutinaria a quienes participan en “guerra de clases”, no se atrevería a lanzar un ataque sobre un demócrata por su riqueza. Sin embargo, la vulgar envidia de clase desempeñó un papel importante en los ataques dirigidos a Kerry, a quien Rush Limbaugh describió repetidamente como un “gigoló” con una “esposa que lo mantenía”, al tiempo que partidarios del Partido Republicano al parecer no han experimentado ninguna disonancia cognitiva.

Entonces, fue predecible que Obama se encontrara en el extremo receptor de un ataque frontal sobre su persona moral, buena parte de lo cual no tenía sentido alguno: ¿Es él antiestadounidense porque pasa sus vacaciones en Hawai, donde vive su abuela? De manera similar fue predecible que sería ineficaz una respuesta con una repetición del gran tipo que es el candidato, o denunciar los ataques como una injusticia.

Así que ahora, la campaña de Obama ha respondido con su propio ataque al carácter moral.

¿Es justo atacar a McCain por tener demasiadas casas?

En un mundo ideal, los políticos serían juzgados por sus acciones, no por su riqueza o falta de ella. Franklin Delano Roosevelt nació en la riqueza, pero eso no le impidió hacer más por los trabajadores estadounidenses que cualquier presidente antes o después. Y al revés, la historia personal de penuria en el caso de Joseph Biden, si bien es inspiradora, no impidió que él apoyara la odiosa iniciativa de ley sobre bancarrota de 2005.

Pero, en el mundo que efectivamente vivimos, republicanos a favor de las corporaciones que incrementan la desigualdad argumentan que usted debería votar por ellos, debido a que son tipos normales con los que a usted le gustaría beber una cerveza, al tiempo que los demócratas que desean aumentar los impuestos al segmento de mayores ingresos, expandir la atención de salud y elevar el salario mínimo son arrogantes elitistas.

Y en ese mundo tan solo es justo eliminar la fachada de “tipo común”, destacando que todo lo dicho por Rush Limbaugh acerca de Kerry se aplica igualmente a McCain; que McCain vive en un mundo material que muy pocos estadounidenses pueden imaginar. Sí, Obama toma vacaciones en Hawai; y Cindy McCain dice que “En Arizona, la única forma de recorrer el estado es a bordo de un pequeño avión particular”.

Los chillidos de los sospechosos usuales demuestran hasta qué grado ha preocupado al Partido Republicano el ataque de Obama. De vuelta en el año 2004, el noticiario de Fox describió a John Kerry como “uno de los pudientes” con una “esposa multimillonaria”; ahora pregunta si sacar a colación el tema de las casas de McCain equivale a “una dura crítica al sueño americano”.

Al mismo tiempo, la campaña de McCain, luego de haber murmurado algo acerca de cómo Obama comía arúgula (un tipo de lechuga de sabor un poco amargo), recurrió de inmediato a su respuesta “todo-propósito”: No pueden criticar al candidato porque él es un ex prisionero de guerra. Quizá la campaña abriga la esperanza de que el grupo de Obama caiga en un encogimiento reflexivo, de la misma forma que lo hicieron cuando Wesley Clark expresó el punto, totalmente razonable, diciendo que si fuiste prisionero de guerra, aun cuando eso te convierta en un héroe, no te califica necesariamente para convertirte en presidente.

Suponiendo que la campaña de Obama no se asuste ante la cuestión del prisionero de guerra, ¿realmente puede ganar un intercambio de ataques al carácter moral entre los candidatos? Probablemente no, pero no tiene que hacerlo.

El hecho medular de la elección de este año es que los electores están hartos del mandato republicano. La única forma en que McCain puede ganar la contienda presidencial es si se convierte en un concurso de personalidades más que de partidos políticos; y si su campaña puede infundirles a los electores la percepción de que Obama es un personaje sospechoso, al tiempo que McCain es un honesto y agradable caballero.

La campaña de Obama, por otra parte, tampoco necesita convencer a los electores de que él es el candidato más asombroso de la historia o que McCain es un villano. Todo lo que tiene que hacer es ensuciar la imagen de McCain en la medida suficiente para que los electores vean esto como una contienda entre un demócrata y un republicano. Y esa es una contienda que un demócrata ganaría con facilidad.

© The New York Times News Service.

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