- AGO. 27, 2008 - Foto - Sucesos - EL UNIVERSO
TULCÁN. Unos 20 militares levantaron ayer postes y colocaron rótulos que dicen “área peligrosa, prohibido el paso”.
Dos niños habían hallado el artefacto en un polígono y este explosionó cuando el más chico jugaba.
Tenía 10 años y soñaba con que la vida nunca lo separe de su familia. Estaba feliz. Se lo había dicho a un hermano mayor, de 12 años. Brayan Cuaspud Morales jamás se habría imaginado que el “juguete”, color plata y del tamaño de un celular, que había hallado en medio de unas llantas viejas, pintadas de color verde y rellenas con tierra, era un explosivo que le arrebataría la vida el sábado pasado.
Sin duda, lo que tampoco sabía el menor era que ese aparato era una granda de fusil, utilizada por miembros del ejército ecuatoriano en sus maniobras militares de tiro. La había encontrado cuatro días antes en el polígono de Chalpatán, donde soldados del Batallón de Infantería Motorizado (Bimot), mayor Galo Molina, realizan sus prácticas militares desde 1991 hasta la fecha.
En las primeras declaraciones en el Ministerio Público, Mónica Morales, madre de la víctima, indicó que hace ocho días, sus dos hijos habían hallado el artefacto en una hacienda de Guamá Alto, Tulcán, y lo habían llevado hasta su hogar.
Según el coronel Juan Villegas, comandante del Bimot, en este polígono la última práctica de tiro con granadas de fusil se ejecutó en abril del año pasado. “Esto, según los registros que se llevan en el polvorín de la institución”, manifestó el oficial.
Añadió que conforme a los informes que constan en la unidad militar, se asegura que de las 14 granadas de fusil usadas en dicha práctica, todas explosionaron y no se presentaron novedades. “Todo deja suponer que se pudo extraviar el explosivo en otra ocasión”, dijo.
Por las primeras investigaciones realizadas por personal militar y la fiscalía de Tulcán, la explosión del artefacto se produjo cuando caía la noche. Brayan había dejado de jugar con la granada junto a su hermano y comenzó a golpearla.
Cuentan que el menor intentaba dejar el aparato en la ventana de la vivienda, donde la familia cuidaba ganado, para más tarde mostrársela a su padre. Pese a que la dejó por un momento volvió a cogerla, sin imaginarse lo perjudicial que sería ese “juguete”, volvió a golpearla en la parte inferior hasta que el explosivo detonó en su mano derecha, destrozando su rostro, su brazo, la ventana y parte del tumbado de la casa.
Hallazgo del cuerpo
Su hermano, con el que jugaba y cuidaba a las vacas en la hacienda de Germán Ramos, fue quien encontró el cuerpo sin vida después de escuchar la explosión. Ambos pasaban en la vivienda porque estaban de vacaciones y sus padres les habían pedido que “rodeen” el ganado, como otros niños del sector.
Tras la explosión vino lo difícil, el menor que sobrevivió no sabía qué hacer, solo horas más tarde dio aviso a sus padres que no podían entender lo que había sucedido con su hijo menor en esa vivienda.
Rodrigo Cuaspud, padre de los niños, dijo que nunca se enteraron de que en la vivienda de la hacienda había una granada. “Si sabíamos que nuestros hijos tenían una granada hubiésemos evitado todo esto”, dijo conmovido, además, al preguntársele si conocía cómo era una granada respondió que no.
El “juguete” con el que se divirtieron Brayan y su hermano, pudo haber causado la muerte de más familiares, pero “Dios no quiso que sucediera eso”, comentó José Mimalchi, uno de los vecinos de los Cuaspud, quien además asegura que el accidente ocurrió en la hacienda de Germán Ramos, que al momento ha sido arrendada por el padre del niño fallecido hace un mes y donde está ubicado el polígono de tiro que utilizan los soldados del Batallón de Infantería Motorizado.