martes 26 de agosto del 2008 Columnistas

¿Necesitamos más universidades?

El pequeño y próspero Singapur, que en el Ranking Mundial de Desarrollo Tecnológico ocupa, entre 127 países, el quinto puesto, tiene 15 universidades. Ecuador, que ocupa el puesto 107 en dicho Ranking, tiene 70 universidades.

El hecho es que por falta absoluta de rigor, por mezquinos intereses políticos y de otra índole, el Congreso Nacional ha venido aprobando, durante las últimas décadas, la creación de una multitud de universidades, pocas de las cuales cumplían con los requerimientos elementales para constituirse en centros de educación superior.

La población ecuatoriana se ha duplicado aproximadamente cada 25 años. Tal incremento demandaba en buena lógica ampliar las universidades existentes, mas no multiplicarlas hasta semejante exceso.
Ahora bien, el acelerado desarrollo científico y tecnológico de estas décadas ha generado campos inéditos de conocimientos y nuevas profesiones. Hasta los años cincuenta, las universidades estatales de Quito, Guayaquil, y Cuenca tenían de cinco a siete facultades. Era preciso, pues, que aumentaran las facultades y escuelas profesionales, pero no como sucedió, en otras sin planificación ni organización previas y sin atender a las necesidades reales del país. Por desgracia, se atendió más bien a intereses privados: en muchos casos la razón fundamental ha sido lucrar con la nueva institución, al punto que se ha llegado a inmoralidades calificadas como la “venta de títulos”. El perjuicio al país y a los estudiantes ha sido tremendo.

Por todo esto, es sobremanera grato constatar ahora que el Consejo Nacional de Educación Superior, tras haber exigido al Congreso no dar paso a solicitudes de creación de nuevas universidades, ha aprobado en los últimos meses positivos e importantes reglamentos (poco difundidos, por lo cual resalto el hecho). Sobre el asunto en marras, el documento dice: “Las nuevas propuestas de universidades se someterán a la comprobación respecto a la oferta académica existente, a que incluyan carreras que aporten al desarrollo regional y sean diferentes a las que se imparten en universidades existentes, pues dicha creación debería obedecer a la necesidad de los sectores: productivo, gubernamental, municipal, educativo, ciencia, tecnología e innovación”.

Así, importa que de ahora en adelante se cumpla este reglamento sin excepciones; que algún organismo estatal apropiado investigue y descubra cuáles son las necesidades reales del país en el sector de la producción y en los otros y cuáles son y de qué magnitud las necesidades nacionales en nuevos profesionales.

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