- AGO. 26, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
Mientras en la programación del cable vemos una búsqueda constante de nuevas estéticas, formatos y discursos narrativos, en la TV nacional pareciera que nos empantanamos en fórmulas conocidas y repetitivas.
Si algo tiene rating, le dan hasta que se acabe el plato.
Ahí aparecen los ‘Bailando’. Bailando por el sueño, por la boda, bailando con famosos y sin famosos, y siempre lo mismo de lo mismo: cuida las puntas, la sonrisa, los flip flip, flop flop, “cuida las líneas, mushasho”.
Los jurados repiten el mismo discurso cada semana, los participantes van de una temporada a otra, los chistes de los conductores son los mismos. Los vestidos de la presentadora definitivamente no mejorarán, aunque haya ocho temporadas más. Los famosos son cada vez menos famosos (hay que sobreimprimir un texto para distinguir a este del soñador). Da la impresión de que la producción va perdiendo el control sobre los participantes, los que no asisten al programa, los que se van a España, o los que aleccionan al jurado sobre qué tipo de baile harán, para que ellos, los expertos, “entiendan”.
Es noble que este programa promueva una ayuda social, pero eso no puede sostenerlo. Hay una idea de escenografía y producción interesante. Está siempre la sobriedad y profesionalismo que distinguen a Roberto Rodríguez, pero el formato se gastó. Hay que cambiar. Este bailando ya da sueño.