lunes 25 de agosto del 2008 Columnistas

Detener la confrontación

Estimo que hay tres aspectos por destacar en relación con los lamentables acontecimientos de la semana pasada en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil.

El primero es la actitud de sus autoridades. El rector Michel Doumet, el vicerrector Mauro Toscanini y la vicerrectora Elizabeth Larrea han expresado en un comunicado público que el Consejo Universitario no adoptó ninguna resolución sobre la presencia del presidente Rafael Correa en el Aula Magna de la Universidad. Se limitaron a una formalidad protocolaria, ya que la invitación había sido hecha previamente por el presidente de la Federación de los Estudiantes, entidad organizadora del evento.

Aun así, creo que se cometió un error que dio origen a todo. Cuando fui rector de esa Universidad, junto con Nila Velázquez, aprobamos un instructivo en el que se estableció que en periodos de campañas electorales lo único que cabía promover eran debates de corte académico en el que se expusiesen las posturas, las promesas y las propuestas de cada candidato. El Aula Magna debe ser un recinto para debates académicos. Si los señores que están por el Sí y el No desean exponer sus argumentos, muy bien, eso es lo que se ha hecho siempre.

No es fácil, por supuesto, decirle a un presidente de la República que no puede acudir a la universidad, sobre todo porque el Primer Mandatario actual es un ex alumno y ex presidente de la Federación de Estudiantes de la Católica; pero debió primar el criterio de evitar una confrontación política.

Quiero ser solidario con el rector de la Católica y con el Consejo Universitario, pero estoy señalando un punto que es fundamental para el presente y para el futuro.

Luego está la actitud del alumnado. Decir e insistir, como se ha hecho, que el alumnado está politizado, es no conocer la esencia de la juventud. Me he quejado en algunos foros universitarios de la pasividad de nuestros jóvenes. Les he dicho: ¿Qué les han inyectado a ustedes para que los universitarios ya no digan nada en este país? El estudiante siempre ha sido rebelde, inconforme, por naturaleza, y eso no puede ni debe ser censurado.

Tampoco se puede criticar que algunos estudiantes trabajen en el Municipio de Guayaquil. Me imagino que muchos jóvenes de la Universidad Central de Quito son empleados en los ministerios, el Municipio de la Capital y otras dependencias del Estado. Se está satanizando un hecho circunstancial. El estudiante también tiene que llevar el pan a su hogar, sea en Quito, Cuenca, Guayaquil o cualquier otro sitio.

Por último, hay que mencionar la actitud de la fuerza pública. Yo no sé qué ocurre con la Policía en los últimos tiempos. Sus integrantes son magníficos para combatir el tráfico de drogas, pero algunos no han logrado entender que a los seres humanos no se los golpea por la espalda. La violencia innecesaria es repudiable, como cuando se le pegó al doctor Gustavo Noboa en Punta Blanca, de donde lo sacaron a patadas. Pude ver en Diario EL UNIVERSO la foto de un asesor del Gobierno que también daba de golpes a un estudiante. Eso es inadmisible.

El señor Gobernador, que es un hombre de izquierda, fue un estudiante rebelde. ¿Qué ha cambiado desde entonces? En los años cincuenta, la fuerza pública cargaba contra nosotros los estudiantes de entonces a caballo, lo que provocaba indignación, así que se hacía un chiste que todavía recuerdo: “El Policía es un animal de pelaje caqui; solo, es indefenso, pero en manada ataca al hombre”. Lo que puedo ver ahora es que estamos en el 2008 y siguen atacando a los seres humanos.

Así no vamos a llegar a ningún lado. Es hora de detener la confrontación. Las diferencias deben debatirse con altura.

*Ex presidente de la República y ex rector de la Universidad
Católica Santiago de Guayaquil

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