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Edición del DOMINGO 24 de Agosto del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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De Cine y Del Resto 
41.490 horas viendo películas, el exilio del cinéfilo
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"Tengo la misma edad de Sophia Loren, Brigitte Bardot y Bernard Fougeres", dice Gerard Raad, gran cinéfilo guayaquileño.
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Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

En Guayaquil el término cine fórum está ligado a la emblemática figura de Gerard Raad. Estudiantes de la Universidad Católica han organizado un esperado reconocimiento.

Cuando uno se introduce en los recuerdos del pasado, es difícil evitar la sensiblera nostalgia con eso de que “aquellos tiempos fueron mejores”. Y cuando hablamos de la difusión cinematográfica en el país, los descubrimientos de imágenes que nos acompañan el resto de nuestras vidas también están ligados a personas que hicieron eso posible. Y frente a mí, durante un almuerzo, estaba el más importante de ellos, gozando de un espectacular cebiche de pulpo. Él es Gerard Raad, profesor jubilado y cinéfilo de toda una vida vinculada a una pasión perpetua y consumista: ver cine, hablar de cine, leer de cine, difundir el cine.

Nacido en Guayaquil en una familia de inmigrantes de Beirut, él tuvo la suerte de tener un padre interesado en todas las manifestaciones artísticas. “Tenía una sensibilidad especial hacia el cine y el teatro; desde muy chico me llevaba a ver todo”, dice. Lo que se fraguó en el corazón y los ojos de ese niño fue después su devoción de toda una vida. Si tenemos que contabilizar una afición diaria de más de seis décadas –a tres horas por sesión, porque antes la exhibición de películas era en dupleta–, Gerard ha tenido 41.490 horas sentado en butacas de cines.

Y esto no cuenta las horas de sus legendarios cine foros semanales en los colegios y después en el cine de la Casa de la Cultura. “Todo comenzó como parte de una estrategia de los curas para orientar a la juventud con la discusión sobre películas”, recalca. “Y allí el padre Beauger fue el que me buscó para comenzar las sesiones”. Pero este profesor de matemáticas del Colegio Guayaquil siempre tuvo una obsesión que nunca fueron los números: capturar cada película en su retina lo antes posible.

Esto podía ser una actividad indiscriminada, porque en los años cuarenta y cincuenta más se veía el cine de Hollywood. “Gary Cooper en Sargento York, las comedias de Betty Grable y Don Ameche, los westerns de John Ford y el cine musical, “yo estaba en todas y a veces me las repetía, además siempre he pensado que el cine es bueno o malo, venga de donde sea”. Y estaban esas inmensas y oscuras salas del centro de Guayaquil –con luneta y galería–, donde sus ojos también fueron testigos del folclor de un público de galeta que vociferaba antes lo que se veía en pantalla como si se tratara de un Clásico del Astillero.

Hubo también cine europeo, “especialmente en el teatro Apolo”, dice. “Cine francés, italiano, nos llegaba casi todo, y había público, porque muchas de esas películas eran “prohibidas para menores de 18 años e impropias para señoritas”. Por eso no duda en priorizar la obra del director que más admira: Luchino Visconti, especialmente por La muerte en Venecia. Tristemente, Gerard es muy escéptico de la difusión local del cine arte actualmente. “El público es inconstante y los organizadores no informan adecuadamente sobre las películas que requieren una mayor difusión”.

Para este cinéfilo de edad innombrable (“tengo exactamente la misma edad de Brigitte Bardot, Sophia Loren y Bernard Fougeres”), no ha habido mayores cambios en la cultura cinematográfica de Guayaquil. “El gran público sigue buscando a los pateadores –Stallone y Cía.– y las salas del MAAC y el Ochoymedio están vacías”. Su característica mordacidad tiene un dejo de decepcionado inconformismo hacia lo que se vive. “Ya volví a mis cine foros en la Politécnica de la Prosperina, todos los miércoles”. ¿El cinéfilo en exilio vuelve a la batalla?


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