Domingo 24 de agosto del 2008 Cultura

“Escribo con libertad”

Clara Medina

Letras y Notas: Leonardo Valencia, Escritor ecuatoriano residente en Barcelona, España

El autor, que el año pasado formó parte de Bogotá 39 (los 39 autores más destacados  de Latinoamérica menores de 39 años), presentó en Guayaquil el  libro de ensayos El síndrome de Falcón. Próximamente lo dará a conocer en Quito.

Pronto circulará en España su nueva novela,  Kazbek. El escritor Leonardo Valencia solo revela ese detalle. “No puedo contar más. Me lo prohíben mis personajes. Escribir quizá consista en saber escucharlos y hacerles caso”, señala.

Este  ecuatoriano residente en  España, que dirige el Programa de Escritura Creativa de la Universidad Autónoma de Barcelona,  y que está de visita en Guayaquil, su ciudad natal, destaca  su libro ensayístico El síndrome de Falcón, que acaba de publicar  Paradiso Editores, de Ecuador, y que presentó el  pasado miércoles.

En El síndrome de Falcón, Valencia reflexiona sobre escritores (Borges, Cortázar, Juarroz, Adonis, Lampedusa, Vargas Llosa, etcétera),  sobre  la literatura ecuatoriana y sobre la escritura. Este autor, que participa con frecuencia en encuentros   de escritores  en Europa y cuya producción  literaria  se está abriendo paso, utiliza como  título del volumen  el nombre de  una  ponencia suya, escrita hace diez años, sobre la literatura nacional,  en la que hablaba del peso con  que tradicionalmente  los escritores ecuatorianos debían cargar (el escribir a nombre del país) en su obra.  Es una  metáfora de Falcón (Juan Falcón Sandoval),  el hombre que cargó sobre sus hombros  al escritor Joaquín Gallegos Lara, quien estaba impedido de caminar.      

El síndrome de Falcón es la  primera recopilación de su obra ensayística. ¿Por qué decidió titular todo el  conjunto de reflexiones con este nombre?
Porque me di cuenta de que la idea central se puede aplicar a la literatura universal y no solo a la ecuatoriana. Es decir, juzgar una obra por valores extraliterarios y que los escritores experimenten esa velada autocensura o sometimiento de escribir condicionando su escritura a los propósitos de una nación, una religión o un mercado. Hay escritores que asumen una posición política, pero los mejores saben distinguir su acción cívica de lo que es su obra propiamente literaria, que siempre es algo más, incluso una autocrítica.

¿Es difícil juntar al escritor y al ensayista en una misma persona? ¿Le interesa particularmente el ensayo?
Depende del escritor. Me interesa particularmente esa larga  tradición de escritores y ensayistas que ha tenido América Latina, que van desde Alfonso Reyes a Jorge Luis Borges, Lezama Lima u Octavio Paz. No olvidemos tampoco a los escritores que cultivaron ensayo de gran nivel literario en Ecuador como Alfredo Pareja Diezcanseco,  o Ángel Felicísimo  Rojas, o más actuales como Iván Carvajal. Su libro  A la zaga del animal imposible  es lo mejor que se ha escrito sobre poesía ecuatoriana en los últimos años.

Usted cuenta  que a los 17 años le escribió una carta al poeta Jorge Enrique Adoum para pedirle orientación sobre su vocación literaria. Y que  él le contestó: "Lea mucho, de distintas tradiciones, de países lejanos, porque las raíces nunca se pierden”. ¿Fue para usted algo definitorio en su carrera?
Fue un buen consejo. Yo además acababa de perder a mi madre y él fue amable en comprender mi situación de absoluta desorientación. Adoum es un escritor de una gran sensibilidad poética. Con los años he discrepado radicalmente de sus posturas políticas y de sus valoraciones y obras literarias. Pero esta discrepancia no le resta nada mi aprecio al dominio del lenguaje que tiene en su obra y a ese mensaje generoso de su parte.

¿Cuánto del síndrome de Falcón, del que usted hace diez años, dijo, padecía la literatura ecuatoriana, queda aún en los autores de este país? ¿Se lo está superando? ¿Cuál es su percepción actual?

La novela ecuatoriana lleva intentando superar el síndrome de Falcón desde la década del setenta. Todas las tensiones de la narrativa de esa década y de las siguientes se manifiesta porque los escritores reconocieron la necesidad de una superación en la escritura, de un mayor acabado, pero con la mala conciencia de que eso significaba no cumplir un papel militante y político. Eso ya no pesa en las generaciones de escritores que han publicado en los últimos 20 años, aunque no faltan siempre los demagógicos de turno que, como decía Kundera, por su falta de talento quieren vengarse de la literatura utilizándola como herramienta para reivindicar la patria o nociones ramplonas y efectistas, incluso exóticas, de lo ecuatoriano y de una identidad más bien demagógica. Y ahora con toda la retórica propagandística del Gobierno de Correa, con patria por aquí y patria por allá, no me sorprendería que algún escritor pierda su capacidad de crítica e independencia. Pero los que tienen bien asumida su vocación serán siempre críticos y nada acomodaticios.
 
Menciona que Madrid y Barcelona siguen promoviendo a los autores latinoamericanos bajo sus propios requerimientos y que aparentan  ser el eje desde el que se construye el canon latinoamericano, con lo cual, sostiene usted,  hay que ser muy críticos. Pero ¿qué opciones le quedan a un autor que no desea rendirse a los requerimientos del mercado, de las grandes editoriales y de las modas? ¿Cómo circula? ¿Cómo trasciende?
La única vía que siempre ha tenido la literatura: persistir en su escritura, no traicionar su proyecto y, sobre todo, no perder su voz crítica desde cualquier lugar desde el que escriba. Las palabras siempre llegan lejos, aunque tarden. Y las palabras literarias quizá son las que más tiempo tardan en llegar, pero una vez que están allí perduran. Hay muchas editoriales españolas que están apostando por autores verdaderamente arriesgados de América Latina. Y hay otras, como Alfaguara o Seix Barral, ambas en sus sedes en Ecuador, que los dejan encerrados en sus países de América Latina porque no son “productos” comercializables. Por eso he optado por que mi trabajo se publique con editoriales independientes, tanto en España como en Ecuador. No cuento con el aparato promocional de los grandes grupos editoriales, pero escribo con libertad. Y eso es lo único que importa.

¿Todavía Europa busca la latinidad, las postales de América Latina en la literatura de los autores de este continente? ¿Cuál es su experiencia?
En algunos casos todavía perduran esas expectativas, al menos hasta que sus nuevas generaciones no empezaran a recorrer el mundo de una manera que no lo habían hecho antes. Los mismos europeos son muy críticos con esas visiones reduccionistas. En realidad, ese no es el problema que me preocupa. Lo preocupante son los oportunistas que desde los distintos países de América Latina arman una tiendecita de lo exótico porque saben que eso gusta por Europa y les da recursos.

En El síndrome de Falcón usted  cita una frase del escritor colombiano  Germán Espinosa: "En arte, toda oficialización es sepelio". En Ecuador se han creado instituciones  como el Consejo Nacional de Cine o el Ministerio de Cultura. ¿Cree  que  un apoyo desde el Estado  para los creadores podría  devenir en un condicionamiento para el arte, para la literatura, para la cultura? 
Es bueno que haya un apoyo, el riesgo es que el gobierno de turno lo utilice. Pero lo realmente denigrante es que los artistas se acomoden para que su proyecto cumpla con los requisitos temáticos e ideológicos que se les exija. Eso sería un desastre. Y por la manera en que se están manejando las cosas en Ecuador habrá que estar muy atentos a los intelectuales y artistas que se acomoden por una beca o un puesto o recibir la palmadita del Presidente. Por eso defiendo mantenerme al margen, aunque eso implique carecer de ellos o correr el riesgo de que quiten apoyos. El asunto es no callar nunca y dialogar. Si los funcionarios de cultura saben aceptar los puntos de discrepancia, siempre con altura y argumentos, entonces nos encontraremos de verdad ante una noción de cultura abierta y democrática. Y esto hay que demostrarlo día a día. Los hechos hablarán por sí mismos.

PERFIL: Leonardo Valencia

EDAD
39 años

ESTUDIOS
Doctorado en literatura por la Universidad Autónoma de Barcelona, España.

OBRAS
El autor  ha publicado  el libro de cuentos  La luna nómada  y   dos novelas:  El desterrado y El libro flotante de Caytran Dölphin.

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