Los fines de semana, turistas de Guayaquil y otras ciudades visitan este rincón de la Costa. Para recorrerlo es necesario tener al menos un día entero disponible.
Mañana de domingo en la terminal. De una ventanilla brota el pregón: “A la playita, a gozar en la playita”, grita el vendedor de pasajes de una cooperativa que viaja a Salitre. Él cuenta que unas 5.000 personas van a esas playas salitreñas.
Salitre, capital Montubia del Ecuador -nominación que antes perteneció a Guayaquil- es conocida por sus rodeos montubios y elección de Criolla Bonita que organiza cada 12 de octubre (Día del Montubio o la Raza).
Pero durante todo el año, otros atractivos convocan a conocer ese cercano cantón rural, principalmente: sus playas de agua dulce y deliciosa gastronomía criolla.
La mañana es festiva en Salitre. Sus parroquianos conversan a la sombra de árboles frutales. Aunque la mayoría de los campesinos ahora monta bicicletas, en los portales están las ventas de sombreros de paja, sillas de montar y otros.
Como la vida en nuestros pueblos del litoral, se da a orillas de su río, propios y extraños acuden a La Bocana. En estos días veraniegos como disminuye el caudal de los ríos, el balneario es visitado por los amantes de las playas de agua dulce.
Al mediodía aumentan los turistas de Guayaquil, llegan a disfrutar los encantos de esta playa o de la cercana Santa Marianita, balneario del sitio La Fortuna –a escasos 10 minutos de Salitre-.
“Venimos a celebrar el cumpleaños de mi suegro. Somos toda una familia de Guayaquil –manifiesta Gisela Briceño mientras observa a su bebé que se baña en el río-. Prefiero este balneario a la playa porque está cerca y como el río está seco, nadie se ahoga, a eso de la cinco nos vamos a la casa”.
Los que acuden a La Bocana optan por el seco de pato y gallina criolla, bollos de pescado de río o cazuela de camarón de agua dulce. Doña María Esther Duarte, propietaria de un puesto de comidas, dice que a partir de octubre prepara hornado de tortuga de poza, $ 2.
A bordo de un taximoto, luego de 10 minutos –el pasaje cuesta $ 0,25- estoy en la concurridísima playa Santa Marianita de La Fortuna. El sol ha escapado de nubes grises y ha instaurado, sin plebiscito alguno, un reino playero.
Este balneario fue acondicionado hace unos cuatro años. En el malecón hay cabañas de comida típica y ramadas provistas de hamacas -$ 1,25 la jornada- La playa consta de parasoles y boyas para la comodidad de los bañistas que empiezan a llegar desde las primeras horas desde Guayaquil y otras ciudades. Grandes y chicos disfrutan del río en el que navegan canoas montubias, que al igual de las carretillas, ofrecen comida preparada, sartas de pescado y frutas de temporada.
Los más festivos acuden a las dos pistas de baile que atiende desde el mediodía hasta la cinco de la tarde. La entrada cuesta 0,75 –con opción a una cerveza-. La más concurrida en la cabaña Amistad Turística de cuya terraza se aprecia la playa. Al son de salsa, bachata y cerveza helada “Ahí baila hasta el diablo”, según el comerciante Julio López que está feliz de lograr más ingresos por la actividad turística.
Para viajar a Salitre, que está ubicada en el kilómetro 44 de Guayaquil, se viaja en buses de las cooperativas Salitre y Rutas Salitreñas. Estos salen desde la Terminal a partir de las 05:15. El pasaje cuesta $ 1,35 -incluida la tasa-.
Como el paseo a este rincón de la costa toma al menos mediodía se aconseja iniciarlo a las 07:00 para regresar a las 17:00. Por el clima, la recomendación es llevar ropa ligera, sombrero o gorra y por supuesto, traje de baño. Infaltable.