Un día decembrino, Dasha Zhukova entró por casualidad al Garaje de Autobuses Bakhmetevsky, gigantesco monumento de ladrillo rojo de la era constructivista, cerca del Estadio Olímpico, en Moscú. Quedó prendada del espacio, un inmenso paralelogramo de casi 8.550 metros cuadrados, con una inusitada serie de ventanas verticales y circulares. Diseñado en 1926 por Konstantin Melnikov, el garaje es la adoración de muchos arquitectos.
“Pensé que Moscú debería tener un espacio como éste para el arte contemporáneo”, dijo Zhukova, de 27 años, en una entrevista en el café del piso superior del Museo Tate Modern, en Londres. “Hay una sed enorme de conocimiento sobre arte contemporáneo entre la generación más joven, pero la mayoría aprende sobre él en Internet”.
Fue un descubrimiento fortuito para Zhukova. Gracias a ella, el cavernoso edificio reabrirá sus puertas en septiembre como el Garage Center for Contemporary Culture, una institución sin fines de lucro que lleva arte a Moscú y educa al público sobre lo que representa.
De la noche a la mañana, el nuevo centro y las conexiones de Zhukova, que incluyen a un novio multimillonario coleccionista de arte, la han convertido en una consentida del mundo artístico.
Ella es hija de un oligarca, Aleksandr Zhukov, viceprimer ministro radicado en Moscú que hizo su fortuna en el petróleo. Y tiene ayuda a su disposición en la forma de su pareja, el financiero Roman Abramovich, de 41 años, que cautivó al mundo del arte hace poco al pagar elevadas sumas por obras de Francis Bacon, Giacometti y otros.
No es de sorprender, entonces, que a fines de primavera, cuando se corrió la voz de que Zhukova había decidido ofrecer una cena el 12 de junio en las entrañas del ex garaje, comerciantes y coleccionistas de arte de alrededor del mundo comenzaran a maniobrar desesperadamente para conseguir invitaciones.
Al dejar el espacio desnudo, salvo por una gigantesca instalación de luces estilo candil del artista Rafael Lozano-Hemmer, Zhukova invitó a unas 300 personas a lo que llamó una “inauguración limitada”.
Trasladó a un encargado de banquetes desde Londres y se contrató a Amy Winehouse para que cantara. Entre los asistente había jóvenes aristócratas europeos, como Charlotte Casiraghi, hija de la princesa Carolina de Mónaco; coleccionistas neoyorquinos que incluían al heredero de los cosméticos Ronald S. Lauder; poderosos comerciantes de arte de Nueva York, como Larry Gagosian; y artistas, como Jeff Koons.
“Se necesitó la audacia de Dasha para organizar un evento y atraer a tanta gente”, dijo Oliver Barker, director de arte contemporáneo en la casa de subastas Sotheby’s, en Londres. “Muestra el grado al que la toman en serio”.
Cuando se le preguntó si el Garage tendría su propia colección, Zhukova dijo que eso ocurriría dentro de muchos años, si es que ocurría.
“Por ahora, intento aprender lo más posible para compensar mi falta de conocimiento de historia del arte”, dijo. “Entre más leo, más cuenta me doy de que no sé”.