En una disertación publicada la primera semana de agosto en la revista Nature Reviews Neuroscience, un equipo de neurólogos y magos describió cómo los trucos de magia se aprovechan de fallas en la forma en que el cerebro construye un modelo del mundo exterior, o de lo consideramos la realidad objetiva.
A los magos, entre ellos El Gran Tomsoni (John Thompson), Mac King, James Randi y Teller, del dúo Penn y Teller, la colaboración proporcionó validación científica, además de unas cuantas ideas nuevas.
Para los científicos, Susana Martinez- Conde y Stephen Macknik, del Instituto Neurológico Barrow, en Phoenix, Arizona, despertó esperanzas de que la magia podría acelerar las investigaciones sobre la percepción. “Aquí tenemos esta forma artística que se remonta, quizá, al antiguo Egipto y la comunidad neurocientífica, en esencia, no se había dado cuenta” de su aplicación directa al estudio de la percepción, dijo.
Una teoría de la percepción, por ejemplo, sostiene que el cerebro elabora representaciones del mundo, momento a momento, utilizando los sentidos para proporcionar pistas a las que se da forma en una imagen mental basada en la experiencia y el contexto. El cerebro hace uso de trucos neurológicos para conseguirlo: al aproximarse, tomar atajos, elegir de manera instantánea y subconsciente qué “ver” y qué dejar pasar, dicen los neurocientíficos. La magia expone las costuras internas y las puntadas neurológicas en la cortina de la percepción.
Algunas ilusiones mágicas sencillas se deben a limitantes biológicos relativamente simples. Allí tiene el acto de doblar cucharas. Cualquier niño de 7 años puede engañar a su hermano menor al asir el cuello de una cuchara y agitarla. La cuchara parece estar curva debido a cómo funcionan las células de la corteza visual llamadas neuronas hipercomplejas, que perciben tanto el movimiento como los límites de los objetos, escriben los autores. Las neuronas hipercomplejas responden de manera diferente a otras células de percepción del movimiento, y este ligero diferencial distorsiona el cálculo de dónde se encuentran los bordes de la cuchara.
La corteza visual está atenta a cambios repentinos en el entorno, tanto cuando aparece algo nuevo como cuando algo desaparece, dijo Martinez-Conde. Una desaparición repentina provoca lo que los neurocientíficos llaman una descarga persistente: una imagen fantasmal del objeto permanece un momento.
Esta ilusión está detrás de un truco espectacular de El Gran Tomsoni.
El mago hace que una asistente aparezca sobre el escenario luciendo un vestido blanco y le dice al público que cambiará mágicamente a rojo el color del vestido. Primero lo hace iluminando a su asistente con una luz roja, una treta obvia que convierte en chiste. Luego, se apaga repentinamente la luz roja, las luces del teatro se encienden y ahora la mujer está vestida de rojo.
El secreto: en el instante en que se apaga la luz roja, la imagen roja permanece en los cerebros del público durante unas 100 milésimas de segundo, cubriendo la imagen de la mujer, tiempo suficiente para que el vestido blanco sea arrancado de la mujer, lo que revela uno rojo debajo.
Los magos también explotan la tendencia del cerebro a enfocar la atención consciente en una sola cosa a la vez, a costa de las demás, independientemente de a dónde apunten los ojos. En estudios por resonancia magnética, los neurocientíficos han hallado evidencias de que el cerebro suprime la actividad en áreas visuales circundantes cuando se concentra en una tarea específica. Así concentrado, podría no registrar acciones presenciadas por los ojos.
Teller explicó cómo podría deshacerse de un naipe en la mano, al buscar rápidamente un lápiz en sus bolsillos. “Doy unas palmadas sobre ambos bolsillos, encuentro un lápiz, extiendo el brazo y se lo entrego a alguien, y todo el acto se convierte en algo secundario”.