Después de una seguidilla de crisis y escándalos financieros, un cuarto de siglo de desregulación y experimentación con el mercado libre está dando lugar, según los expertos, a una nueva ronda de regulación financiera con fuerte intervención del Estado, independientemente de quién quede al frente de la Casa Blanca.
“Sea cual sea el resultado de la elección, es necesario repensar cómo estamos organizados en la supervisión de los mercados financieros”, dijo Harvey J. Goldschmid, profesor de la escuela de leyes de Columbia y miembro demócrata de la Comisión de Valores de 2002 a 2005.
John McCain y Barack Obama ofrecen diagnósticos similares respecto de las crisis crediticias del año pasado. Ambos consideran que los lobbistas con intereses especiales tuvieron demasiada influencia sobre el Congreso y los organismos reguladores, una conclusión que encaja perfectamente con sus temas de campaña anti-Washington y pro-cambio.
Los dos señalan con el dedo a los especuladores en bienes raíces, a los prestamistas imprudentes y a Wall Street por la burbuja inmobiliaria que estalló, infectando los mercados de crédito. Obama culpa a la administración Bush de tener una regulación laxa y reactiva.
McCain, reflejando la aversión filosófica del Partido Republicano hacia la regulación de las actividades comerciales, sería más cauto en cuanto a una nueva regulación. Pero adoptaría una postura más agresiva con Fannie Mae y Freddie Mac, los gigantes de la financiación hipotecaria que están en el centro de la crisis, proponiendo que ambas firmas sean nacionalizadas y, a la larga, vendidas.
Obama destacó seis “principios” que sugieren un cambio más a fondo. Indicó que regularía a los bancos de inversión, los agentes hipotecarios y los fondos de inversión tal como están regulados los bancos comerciales. Y que además racionalizaría los organismos reguladores superpuestos y crearía una comisión para controlar las amenazas al sistema financiero e informar a la Casa Blanca y al Congreso.
Obama ha hablado poco de Fannie Mae y Freddie Mac, las dos empresas con cotización en bolsa pero patrocinadas por el Estado, cuyo salvavidas estatal tuvo que ser reforzado el mes pasado cuando la caída del valor de la acción amenazó con un contagio financiero. McCain es escéptico respecto de Fannie y Freddy desde hace tiempo, junto con muchos republicanos, y aprovechó su reciente rescate para pedir acciones drásticas.
Pero en los meses previos a una nueva administración se oyen voces prominentes exhortando a la cautela. “Es imprudente y probablemente innecesario fijar nuevas normas reguladoras antes de que los mercados se estabilicen”, dijo en una entrevista Alan Greenspan, el ex presidente de la Reserva Federal.
“No hay apuro. El crédito actual ya es más cauto que cualquiera de las propuestas de regulación que he visto”.
“El verdadero peligro aquí es que habrá esfuerzos para hacer aprobar rápido la legislación”, agregó.
McCain confía en su principal asesor en política interior, Douglas Holtz-Eakin, el ex director de la Oficina de Presupuesto del Congreso y asesor de la Casa Blanca de Bush.
Obama ya había advertido sobre una crisis de la vivienda en marzo de 2007, cinco meses antes de que intervinieran los organismos reguladores.
Propuso que se organizara una cumbre de prestamistas, deudores de créditos y reguladores.