Se suponía que Fernando Martí estaba seguro. El hijo de 14 años deun exitoso empresario de México tenía un chofer particular que lo llevaba a la escuela, a toda prisa, por las calles de la caótica capital. También siempre lo acompañaba un corpulento guardaespaldas. Sin embargo, el velo de protección falló una mañana de junio, cuando el auto blindado se topó con un retén comandado por hombres armados, vestidos como oficiales de la Policía federal.
Al jovencito y sus dos guardaespaldas les ordenaron que salieran del vehículo, y se los llevaron a toda prisa. El chofer fue torturado y asesinado más tarde. El guardaespaldas fue estrangulado y dejado por muerto.
En cuanto a Fernando, fue mantenido con vida el tiempo suficiente para que los secuestradores llamaran a sus padres, lo pusieran brevemente al teléfono y exigieran un enorme rescate.
El padre del niño, Alejandro Martí, fundador de una cadena de tiendas de artículos deportivos y gimnasios, respondió como lo hacen los mexicanos ricos que se encuentran en situaciones tan serias. Contrató a un consultor de seguridad privada para que negociara con los secuestradores y sacó su chequera.
Hoy en día, hay menos secuestros en México que en el clímax de la ola de secuestros de los 90.
Sin embargo, están de nuevo en aumento, y el mayor incremento, dicen las autoridades, parece darse en el secuestro de niños, con 15 raptados el año pasado y 22 en lo que va del 2008.
En total, hubo 438 secuestros reportados en todo México, en el 2007, 35% más que en el 2006. La capital mexicana informó que tuvo reportes de 119 privaciones de la libertad en el 2007, y 86 en lo que va del año, un claro incremento.
Toda una industria, gran parte de ella no regulada, ha surgido en torno al secuestro, con consultores para negociar el rescate, pólizas de seguros para cubrir cualquier pérdida de rescate y una variedad de medidas de seguridad, disponibles para aquellos que pueden pagarlas.
Se dice que los Martí cancelaron a los secuestradores millones de pesos; sin embargo, Fernando, el menor de sus hijos, seguía sin aparecer.
Después de guardar silencio sobre el asunto durante semanas, los Martí lo dieron a conocer al público.
El 1 de agosto, la Policía encontró el cuerpo de Fernando en la maleta de un automóvil. Tenía por lo menos un mes de muerto, informaron las autoridades. Tres sospechosos han sido detenidos, dos de ellos oficiales de la Policía. Otros oficiales también están bajo investigación.
El caso ha traumatizado a la ciudad y provocado que los ciudadanos organicen marchas contra la delincuencia y que los políticos propongan una serie de medidas antisecuestro, entre ellas el llamado del presidente Felipe Calderón a imponer la cadena perpetua para algunos secuestradores, en lugar de la actual pena máxima de 70 años.
Algunos activistas ciudadanos favorecen el regreso de la pena de muerte o la legalización de las armas de fuego.
Sin embargo, algunos cuestionan cuánto tiempo durará la urgencia.
“Una vez más, vemos la implicación de policías en secuestros y otros crímenes atroces, excusas repugnantes y mentiras de secretarios de Estado y procuradores, y la falsa consternación y las promesas vacías de gobernadores y políticos”, expresó despectivamente Joel Antonio Ortega, presidente de un organismo llamado Ya Basta, cuyo nombre expresa el sentir actual de muchos ciudadanos mexicanos.