Unas 35 víctimas y 40 huérfanos dejan las agresiones entre parejas en lo que va del 2008 en el país.
Mariana de Jesús Quimí Mora tenía 32 años y tres hijos menores. Pero el pasado 30 de julio la felicidad de su familia se derrumbó cuando Luis Alfredo Altafuya Paneso, a quien se había unido tres meses antes y era padre de su último niño, la estranguló poco antes del amanecer, en un cuarto del callejón 34 y la P, en el suburbio oeste.
La mañana de ese día, cuando los niños mayores, de 12 y 10 años, fueron a despertar a “Marianita” –como le dice su madre– para que le dé el desayuno al menor que debía ir a la escuela, no la hallaron en el dormitorio sino cerca de la puerta de la sala. Estaba inmóvil, entre sábanas. “Parecía que ese criminal tuvo la intención de sacar el cuerpo de la casa, como para hacernos creer que se habían ido juntos, porque además se llevó la ropa de mi hija”, cuenta conmovida su madre, Martha Mora, quien cuida a los niños.
“Sus hijos y recuerdos son lo único que nos dejó”, narra la mujer, que aún reniega de que Mariana nunca haya escuchado sus súplicas para que “no entable ni siquiera amistad con ese diabólico e hipócrita hombre, que decía ser pastor evangélico, pero la mató”, dice, y critica que todavía no se extienda una boleta de captura. “Como no tenemos dinero, las autoridades no hacen nada”, asevera.
Mariana fue una de las cinco asesinadas por sus convivientes el mes pasado en el país, donde son más de 25 las mujeres víctimas, además de un hombre aparentemente asesinado por su conviviente, y de tres niños y un suegro a quienes esposos celosos mataron para vengarse porque sus parejas ya no querían seguir con ellos por las consecutivas agresiones.
Liliana, una joven de 19 años que protege su nombre verdadero por temor, siente que es una potencial víctima y el jueves pasado decidió irse de su hogar, porque los golpes de su conviviente ya le truncaron un embarazo y teme por su vida. Con su hijo menor, de 1 año, fue a la Comisaría de la Mujer del Guayas a denunciarlo. Ahí dejó ver las huellas de los golpes que le propinó el lunes último.
“Es demasiado celoso. Yo trabajo y compro mis cosas con lo que gano, pero siempre piensa que otro hombre me da dinero. Me amenazó con un cuchillo y me da miedo que me mate”, dice afuera de la dependencia.
En esa oficina se reciben unas 450 denuncias por agresiones cada mes.
En julio, por ejemplo, en la Comisaría Segunda hubo 449, de las cuales 387 fueron hechas por mujeres y 62 por varones. “Los problemas entre parejas van en aumento y en el 89% la víctima es la esposa, pero nosotros no sabemos cuántos casos denunciados han terminado en crimen”, dice Miriam Ponce, responsable de esa unidad. Agrega que al analizar los motivos de los ataques casi siempre son los celos.
Según el departamento de Medicina Legal de la Policía, “en el 95% el agresor es el hombre, aunque también hay mujeres que atacan por celos, pero eso es menos”, dice su director, Juan Montenegro, quien asevera: “Cada semana, de 10 a 20 mujeres necesitan un reconocimiento médico por agresión”.
Una de las que acudieron el lunes pasado fue Agustina Gámez Estupiñán, de 62 años, a quien su conviviente, Plutarco Madrid Ante, le lanzó agua caliente el día anterior, “lo hizo porque no pudo enterrarme un cuchillo en la espalda, porque mi hija le gritó: ‘Papá, ¿qué, vas a matar a mi mami?’ Ella me salvó”, narra temblorosa, y muestra las laceraciones de su piel.
Otra que sobrevivió a los ataques del conviviente fue Flor Macas Gusque, quien el pasado 6 de junio recibió una puñalada en la garganta y varios cortes en la cara, frente y en las extremidades de parte de su esposo.
Jenny Jalca Pincay, en cambio, no sobrevivió y murió tras quince días de agonía al recibir diez puñaladas de Rodolfo Cali Macías, al que abandonó cuando le propinó una cuchillada en la espalda en un cuarto del Guasmo sur, donde los vecinos que la auxiliaron cuando fue atacada hoy viven asustados. “El criminal era celoso, le pegaba y cuando la hirió de muerte amenazó con asesinarnos. Sabemos que ronda la zona”, dice un testigo del ataque, ocurrido al amanecer del 14 de marzo.
El psiquiatra Juan Montenegro dice que “el celópata cree que con la agresión soluciona la situación, pero más bien su violencia termina en homicidio y a veces se complementa con suicidio”, y asevera que casi siempre los agresores planifican cómo acabar con sus víctimas.
Un caso planificado y tétrico sucedió en La Concordia, Esmeraldas, el mes pasado, cuando el policía Édison Leonardo Barrera Landa atacó a su ex esposa, Carmen Zambrano Barre, de 27 años, a quien hirió en el pecho y la lanzó a una cuneta creyéndola muerta, pero se salvó. Antes de eso había matado a su cuñada, María Verónica, de 25, y a la prima María Auxiliadora Mejía Zambrano, de 24.
Un ataque múltiple como ese es lo que teme la familia de Mariana, a cuyo velatorio llegó una turba –apoyada por policías, dice la denuncia sustentada con fotografías– que pateó las sillas que habían colocado en la calle. Hoy, dicen, por su casa pasan desconocidos gritando que van a matar al niño que la víctima procreó con Altafuya. Han pedido protección, pero tras 27 días del hecho no la obtienen.
Tragedias
2008, enero 7
En Quito, el ex sargento de Policía Manuel Gonzalo Iza Chicaiza es presuntamente asesinado por su esposa, Angelita Almachi Chiluisa, en complicidad con su supuesto amante, Juan Adanaque.
2008, enero 21
En Manta, a los diez días de casados, Ramón García fue señalado como asesino de su esposa, una menor de 16 años, con 64 puñaladas. A los dos días él apareció muerto.
2008, marzo 20
Ulfredo Lorenzo Andrade Herrera, de 40, asesinó a su esposa, Ángela María Holguín Suárez, de 39, en Bastión Popular y luego se mató.
2008, abril 4
En Quinindé, María Quiñónez fue estrangulada por Arnold Caicedo Méndez, quien se suicidó en un hotel.
2008, abril 11
En Santa Rosa, José Zapata Rivilla, de 33 años, asesinó con siete puñaladas a Alexandra Matamoros, de 25, y después de eso se suicidó.
2008, abril 30
En la vía a la costa, km 20, el guardia Jacobo Quiñónez Blandón, de 31 años, asesinó a su esposa, Maritza Pacheco Romero, de 26, en la garita donde vivían; luego se suicidó.
En El Carmen, Manabí, José Rodríguez Triviño, de 39 años, asesinó a su esposa, Edita Rosado Rodríguez, de 30, y luego se suicidó.
2008, mayo 21
En Pasaje, El Oro, el policía Javier Onofa Oña, de 42 años, asesinó a Mayra Reategui Duarte, de 26, también uniformada, por celos.
2008, junio 14
Dos pequeñas, de 3 años y 11 meses, quedaron en la orfandad luego de que su padre, Arlynton Arboleda, asesinó a su madre, Máryuri Cedeño Espinoza, de 18 años, en la cooperativa Santiaguito Roldós del Guasmo, en el sur.
2008, julio 4
Como Karen Cecilia Vera Segovia, de 20 años, fue identificada la joven asesinada el martes en las calles 15 y 4 de Noviembre.
2008, agosto 9
Conmoción causó en el cantón Balsas, de El Oro, la muerte del comerciante Víctor Gallardo Agurto, de 46 años, y su esposa, Elsa Vicente Aguilar, de 37, quienes fueron encontrados sin vida en la casa que habían compartido hasta hace pocos meses cuando se separaron por problemas conyugales.
Juan Montenegro
PSIQUIATRA
“Una persona celosa es agresiva y puede llegar no solo a atentar contra la vida de su pareja sino a terminar con otros, siempre planificando cómo llevar a cabo el ataque a la víctima”.