Tierra América publica que más de 18 millones de hectáreas se cultivan en América Latina.
Los cuestionados transgénicos o productos genéticamente modificados podrían ser una ayuda para combatir el hambre en el mundo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
En uno de sus informes, el organismo internacional indica que muchos campesinos podrían dejar de ser pobres con una investigación agrícola orientada a aumentar sus ingresos y bajar los precios de los alimentos.
Sostiene el documento que la biotecnología debería complementar, y no reemplazar, a las tecnologías agrícolas tradicionales.
Julio Delgado, director general del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (Iniap), indicó que siendo una tecnología que está en los países vecinos y que puede entrar en cualquier momento a Ecuador, no se debe cerrar la puerta al país a esta investigación legalmente reglamentada y con todas las medidas de seguridad, ya que en unos años va a cambiar la mentalidad en su utilización como sucedió en España en producción de balanceados para animales y ahora es muy bien utilizada. “Por lo tanto, no nos podemos cerrar a la tecnología y quedar retrasados ante el mundo”, indicó el director del Iniap.
Ecuador tiene todo para estar a la par de otros países, necesitamos una puerta abierta para que todos investiguemos un poco, incluyendo las universidades, los institutos de investigación y la empresa privada; solo nos falta tener una ley que lo permita.
Delgado destacó la participación de Colombia en el proceso con la investigación en algodón transgénico, logrando bajar costos de producción al crear un cultivo resistente a las plagas y al glifosato, bajando los costos de producción por hectárea a los algodoneros, lo que ha permitido aumentar el hectareaje para abastecer a la industria textil del país.
Para Serapio Arana, gerente nacional de Ecuaquímica, la negativa de algunos países a permitir su investigación y entrada de estos productos es parte del proceso que se ha visto en varios países que ahora los ven con muy buenos ojos.
En su opinión, primero tienen que transcurrir varias etapas, principalmente de información real a la comunidad sobre lo que representan los transgénicos.
Estoy seguro de que en su debido momento Ecuador tiene que incorporarse al grupo de países cada vez más grande que los acepta y que ayudará a resolver el problema alimenticio y energético en el mundo.
Sí, nos preocupa que estemos atrás de nuestros vecinos en esta tecnología, porque igual van a ingresar a nuestro país sin autorización y de contrabando causando perjuicios a la producción del país, cuando podemos producirlos aquí con la calidad y seguridad que requieren los consumidores.
Cabe aclarar, explica el directivo, que Ecuador ya los consume al importar soya y el maíz de Argentina, Estados Unidos y Brasil. Lo que estamos haciendo es decirle al mundo que no producimos pero que sí importamos; cuando eso lo podemos hacer nosotros aquí. Creemos que con el tiempo se va a imponer este tipo de cultivos.
Los expertos aseguran que dentro de las ventajas para los agricultores está el que bajan los costos de producción, hay mayores cosechas por año, son resistentes a plagas y enfermedades y baja la incidencia de agroquímicos.
Los riesgos sanitarios a largo plazo de los transgénicos presentes en la alimentación humana o en la de los animales no han sido evaluados seriamente y su alcance sigue siendo desconocido ya que no se han podido comprobar los perjuicios en el consumidor final.