Sábado 23 de agosto del 2008 El Gran Guayaquil

Un trovador que se encariñó con la guitarra en las calles

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Honorio Suárez, guitarrista, se gana la vida dando serenatas.

Simplemente aprendió a entonar la guitarra. De oído e indirectamente tomó clases de familiares y conocidos que sacaban afinadas melodías entre los acordes de las cuerdas. Honorio Suárez Tutiven, de 57 años, aprendió este arte musical con el cual se gana la vida hace más de 35 años.

El guitarrista es uno de los cerca de 20 cantores de pasillos, boleros y valses, que se congregan en la esquina de Esmeraldas y Gómez Rendón, en el área donde estuvo levantado el inmueble conocido como El Rincón de los Artistas.

Recuerda que el extinto Julio Jaramillo era un asiduo visitante del local de ambiente bohemio. “El Capitán (Pedro Espinoza, el propietario) ponía unas hamacas para que sus amigos reposen luego de tomarse sus cervecitas. Y Julio lo hacía. Yo lo vine a conocer dormido, cuando me levanté lo vi al lado mío, en otra hamaca”, evoca Suárez, cuyas marcas en los dedos revelan su trayectoria.

El cantor, que dice que esos días dedicados a la bebida quedaron atrás, resalta que los artistas de la guitarra llegan a sentir las letras de las canciones, de allí su entrega al “arte, a la música”.

Asimismo, en el taller de un guitarrista aprendió a elaborar estuches para los instrumentos. Los fabrica en su casa en El Fortín, a precios que van entre los 120 y 150 dólares.
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