- AGO. 22, 2008 - Foto - Cine - EL UNIVERSO
El actor estadounidense Eddie Murphy protagoniza la película Tripulación Dave.
Dave Ming Chang, recién desembarcado en Manhattan, parece un gran pez fuera del agua. Hay algo en él que perturba: más allá de este nombre improbable, luce muy poco cómodo dentro de su propio cuerpo y parece escapado de alguna película de finales de los setenta, de la época disco. Y es que Dave no es un hombre de carne y hueso, sino una nave espacial, hecha a imagen y semejanza del comandante en miniatura que la controla. Las costumbres de este alienígena y su tripulación (hombrecillos minúsculos) son raras y diferentes a las de este planeta, del cual se van contagiando.
Tripulación Dave es una absurda y patética comedia, de situaciones poco graciosas y muy sosas, saturadas por las muecas exageradas de Eddie Murphy.
Lo que más perturba de la película de Brian Robbins es la flojedad general que desborda cada escena y cada personaje.
Los realizadores, convencidos de que para lograr un blockbuster basta con poner a un histriónico como Murphy, descuidan del todo los conflictos y los gags. Esto desluce completamente la historia que, aunque en su arranque prometía momentos novedosos, en el fondo termina encubriendo lo mismo de siempre: un humor burdo que se nutre de simples citas (Yahoo!, Google, los Bee Gees, La vida es maravillosa, La isla de la fantasía) y de la explotación berreada del actor cómico como la nave Dave, tamaño terrícola.
Los diálogos entre este feo muñeco humanizado y los personajes de la vida real se desarrollan de forma absurda y con torpes eufemismos.
Resulta también cansino el tono demagógico de las enseñanzas humanas que asimila la tripulación de extraterrestres mientras opera desde su interior a Dave. Si bien en su planeta de origen no acostumbran a ser tan efusivos como en la Tierra (reducida solamente a la ciudad de Nueva York), aquí se desatan pasiones. Los grandes se aprovechan de los pequeños, los buenos sufren peleando por causas nobles en manos de los malos; pero, en fin de cuentas, los humanos privilegian el amor y la amistad, como valores imbatibles en la vida. La moraleja es demagogia burda a gran escala.
Al final, Tripulación Dave resulta una bomba familiar que ningún terrícola merece soportar y que bien podría ser enviada a otra galaxia. Tal vez los alienígenas tengan un sentido del humor diferente, como para poder disfrutarla.