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| Jefferson, al pueblo ecuatoriano |
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La siguiente es una carta mía a todo el pueblo ecuatoriano:
Gallarda y luchadora nación ecuatoriana. Me he tomado el tiempo necesario para intentar determinar a quiénes represento –por quiénes me parto el alma día a día en las calles y pistas del mundo, a quiénes he dedicado más de 20 años de limpio y esforzado trabajo– y he encontrado una respuesta muy firme y clara a todas las preguntas que rodean mi mente.
Entendí que represento a millones de trabajadores y valerosos ecuatorianos; a niños, jóvenes, adultos, ancianos, hombres y mujeres que construyen un Ecuador más justo y ganador.
Son estos 14 millones de ecuatorianos que me han inspirado para buscar mis sueños y conseguirlos, aun sabiendo que el camino no ha sido fácil; sin embargo, su cariño y afecto han permitido empujar este pesado carro y llenarlo de trabajo, constancia y, sobre todo, amor por toda una nación.
En días anteriores, luego de participar en mi última competencia de Juegos Olímpicos, realicé algunas declaraciones, las mismas que en ningún momento fueron con la intención de crear polémica y mucho menos provocar división alguna entre mis compatriotas. Sin embargo, y lastimosamente, estas están siendo utilizadas por algunas personas y organizaciones de manera perversa y abusiva, intentando interpretarlas de acuerdo a sus intereses. En este punto debo decir que me siento muy dolido y molesto por dicho abuso.
Por lo tanto, de la manera más respetuosa, pero firme a la vez, prohíbo rotundamente a cualquier persona o institución, utilizar mis declaraciones como herramienta política o de cualquier índole.
Además, debo decir que no estoy afiliado ni represento a organización política alguna, y que mi decisión sobre el voto en el referéndum que se avecina será personal y privada, al igual que de todos los ecuatorianos. Ante lo cual me guardo ese derecho por completo y pido que mi decisión sea respetada.
Desde acá, adonde he venido a representarlos hermanos ecuatorianos, les exhorto a dejar cualquier tipo de odios o revanchismos, y que unidos luchemos por toda nuestra querida nación en la búsqueda de un Ecuador más fuerte y triunfador.
Quiero dejar sentado mi más profundo agradecimiento y amor a toda mi nación, y sepan, queridos compatriotas, que en todos estos años me he sentido orgulloso de representarlos, ya que los momentos más sublimes han sido cuando he visto flamear la bandera de mi Ecuador y escuchar las sagradas notas del himno de mi país por todo el mundo.
Por todo esto y mucho más digo ¡gracias Ecuador, gracias hermanos ecuatorianos, por el cariño y apoyo incondicional recibido durante toda mi vida! Con amor para mi nación.
Jefferson Pérez Quezada Beijing, China |
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| ¿Qué nos pasa? I |
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Cursé mi carrera universitaria en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, y guardo gratos recuerdos de mi paso por esta entidad.
He visto indignado todo lo sucedido el sábado 16, y me indignó aún más, una entrevista con un señor Alvarado, entiendo iversidad Católica respalda su proyecto de Constitución. Si le mintieron diciéndole que la mayoría lo apoyaba, debió antes, con tantas seguridades que tiene, investigar. “Siembra vientos y cosecharás tempestades”, es un viejo y conocido refrán que se aplica por lo acontecido. El Presidente no ha parado de ofender a todo aquel que ose estar en su contra; está cosechando su siembra: odios, resentimientos. Hizo enfrentarse a compañeros universitarios, a amigos. La Policía pateaba a estudiantes –en su Universidad– peor que a delincuentes. ¿Eso es lo que queremos? ¿Aún no nos damos cuenta que estamos a las puertas del extremismo dictatorial de la izquierda?
Max González Silva, economista, Guayaquil
Ha transcurrido más de un año y hemos podido observar cómo cada una de las promesas de campaña se han ido cumpliendo por el Presidente.
El Ecuador (discapacitados, informales, ex tercerizados, prestamistas del Banco Nacional dice Fomento, jubilados, agricultores, madres de familia, etcétera) quiere transmitirle al Presidente su apoyo incondicional a la ardua e infatigable lucha por una Constitución reformada o mejorada.
Es compromiso de cada uno de nosotros informarnos (leer y comprender) los cambios realizados en este proyecto de Constitución, para hacer llegar esta información a quienes no tengan claro su contenido, ya que al estar desinformados podrán caer en un error.
El trabajo del Presidente se reflejará en las urnas, cuando el pueblo ecuatoriano vote y aunque muchos quieren manipular, no lo permitiremos.
Priscilla Alexandra Zaldumbide T., Guayaquil |
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| ¿Qué nos pasa? II |
El presidente Correa se llena la boca contra la partidocracia, y usando a los partidos políticos como “cuco”, trata de asustar a los ecuatorianos diciendo que “los mismos de siempre van a volver”.
El ciudadano Correa seguramente piensa que estamos todos padeciendo el mal de Alzheimer, pero está equivocado; creo que la mayoría de ecuatorianos recordamos muy bien a los nefastos personajes que se cambiaban de camiseta y lo siguen haciendo de acuerdo a los patronos de turno y a los intereses propios. El problema es él.
En el círculo íntimo de sus más cercanos colaboradores, están muchos de la tan cacareada, por él, vieja partidocracia. Yo podría proporcionarle una extensa lista de ejemplares. Como ve, presidente Correa, usted no debería tocar este tema; y no le pega el eslogan de “mentes lúcidas, corazones ardientes y manos limpias”. Usted está desgobernando nuestro país sin Dios ni ley, y burlándose de todos los ecuatorianos, pues ha entregado a las Fuerzas Armadas el manejo de buena parte, de lo que manos expertas eran las llamadas a colaborar en el nuevo país que deseábamos, y por lo cual la gran mayoría de ecuatorianos votaron por usted, quien se presentó como figura nueva, sin compromisos, que venía a transformar nuestro país; pero qué desengaño, resultó corregido y aumentado con todos los defectos que siempre hemos criticado y repudiado en líderes de partidos políticos. Usted se aprovechó de este rechazo y del cambio que todos esperábamos.
Lourdes Meloni de Rojas, Guayaquil
Es verdad que quizás no ha habido un cambio en el país al ciento por ciento, pero, ¿cómo se pueden dar si, primero, el Presidente o cualquier otro mandatario que esté en el mando no lo va a hacer, si se ha encontrado con un país totalmente colapsado en todos sus sectores, desorganizado, en que la gente hace lo que le viene en gana, no coopera, critica cuando no se hace algo para mejorar algún problema?
Ah, pero cuando se crea algún tipo de norma para regular ese conflicto, nos ponemos bravos porque queremos no ser mandados por nadie, o no nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer. Siempre queremos hacer problemas, criticar, pero no ser parte de la solución.
En segundo lugar, aún no se dan en un ciento por ciento los cambios esperados porque aún estamos navegando en ese mar de tormentas, de fuertes vientos (actual Constitución creada en 1998) donde no podemos avanzar (hacia el cambio), donde aún existen trabas porque es una Constitución que fue creada para grandes grupos económicos, entre ellos los banqueros y aprobada bajo la mesa.
Nos preocupamos de que el Presidente, con la aprobación de la nueva Constitución, gobierne hasta el año 2013, cuando eso no depende de él sino de nosotros, de querer o no reelegirlo según como vaya haciendo las cosas. ¿Por qué no nos preocupábamos de los diputados que estuvieron, algunos, por 20 años en el Congreso saqueando al país?
El país solo será otro con la ayuda de todos y de un proyecto fresco que es de mediano plazo (la propuesta de la Nueva Constitución) debido a la situación catastrófica en que se encontraba la nación, cuando el Presidente tomo las riendas. Hoy en día, por ejemplo, ha sido beneficiada con un proyecto de desarrollo para Manabí, el más grande de su historia, y es la petroquímica, entre otros proyectos más como el puente de Bahía, que se lo pidió desde hace muchos años y hoy ya es una realidad. Es por eso que creo que debemos darnos una oportunidad de cambiar. Si bien es cierto, el país no ha funcionado en los últimos diez años, entonces intentemos algo nuevo.
Julio César Zambrano Rendón, egresado de ingeniería ambiental, Calceta, Manabí |
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| ¿Qué nos pasa? III |
Cada vez la ola de beligerancia y pugna entre ecuatorianos va in crescendo. El Gobierno, parece que disfruta dividiéndonos (“Divide y reinarás”).
Sin empacho, profundiza la confrontación en el país, insiste en sus burlas e insultos contra personas o instituciones que no están de acuerdo con sus tesis y actitudes, incentivando la acción del populacho, como lo acontecido en la Universidad Católica de Guayaquil.
Es hora de defender nuestros derechos para un país libre y democrático.
No dejemos que se aprovechen de este aletargamiento para que sigan adelante con esta farsa de socialismo, y con mentiras convertirse en una dictadura. No dejemos que sigan aprovechando y abusando de las necesidades de un pueblo, para así obtener el apoyo necesario para saciar ansias de poder totalitario y absolutista.
No permitamos que siga el atropellamiento, el abuso y la humillación a nadie de nuestros coterráneos.
No permitamos que destruyan nuestra patria ni nos enfrentemos entre nosotros mismos.
Cómo puede hablar, si en su proyecto de Constitución capítulo I artículo 8 dice: “Garantizar a sus habitantes el derecho a una cultura de paz, a la seguridad integral y a vivir en una sociedad democrática y libre de corrupción”. De qué está hablando si es el primero en instigar a sus seguidores a enfrentamientos con las personas que están en desacuerdo (¿democracia? ).
Cómo se puede confiar y creer en alguien que con hechos demuestra su verdadera esencia.
Sonnia Leonor Castro Rivadeneira, Guayaquil
Me engañó cuando habló de su infancia lasallana. Yo dije, este es de los nuestros y seguro que al fin tendremos Presidente.
Los lasallanos sembraron en mi mente el respeto a Dios que se manifiesta en el respeto a todo lo instituido por Él que es la Iglesia.
Con todo lo que recogió durante su juventud de todos los países del mundo donde estudio, no lo formaron para que odie a sus semejantes. Si alguien lo ofendió, ¿nunca aprendió a perdonar?
Todos sus discursos y palabrerías están llenos de odio, y este es mal consejero.
Las obras de los hombres verdaderos se ven y se sienten, no necesitan propaganda.
¿Nunca escuchó la frase: “por sus obras los conoceréis”?
Le agradezco por la ayuda que ha dado de que hermanos evangélicos y católicos estén unidos defendiendo el nombre de Dios.
Hizo una “gran obra” levantando la maldad de hombres para que irrespeten las iglesias.
Presidente, trate de conseguir el rumbo y le irá mejor en el futuro.
Óscar Manuel Roldán Macías, Guayaquil |
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| ¿Qué nos pasa? IV |
¡Qué bien le ha quedado el eslogan “manos limpias” a nuestro Presidente!
Así como miles de ecuatorianos, yo confié en esta nueva cara, que prometió y aseguró una revolución ciudadana; pero jamás nos imaginamos que iba a ser una revolución arbitraria. Más que un atropello es una gran decepción lo que pasó el sábado 16 en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Primero, quise culpar a la Policía (que sí tuvo gran parte de culpa ya que su obligación era controlar a la multitud no crear más violencia) pero al escuchar al Mandatario decir “así que chicos, resuelvan ustedes el problema, ustedes son cuatrocientos, los otros cincuenta, díganle a esos majaderos que aprendan a ser democráticos...”, no creo que fui la única persona en imaginarse a un “papá” prepotente diciéndole a su hijo “tú eres mayor que él, pégale..., toma te doy mi correa”, qué “buen” ejemplo nos da. ¡No!
Conozca señor Presidente mi indignación, mi arrepentimiento por haberle dado el voto pensando que usted era una persona capaz de poder sacar adelante a mi querido Ecuador, y sobre todo, por atropellarnos a nosotros “el futuro de la patria”, que ahora más que nunca está claro que no es de todos ni será de todos, hasta que los que se limpian las manos con nosotros no salgan del poder. Así que invito a todos los jóvenes a no quedarnos de brazos cruzados, a gozar de nuestra libertad de expresión, y hacer mediante el diálogo, que respeten nuestros derechos y opiniones, y demostremos que merecemos ser escuchados.
Dabinia Paola Falconí Mackliff, Guayaquil
Durante la manifestación pacífica del sábado en la Universidad Católica, donde no éramos solo 50 a favor del “No”, pude constatar el abuso del poder por parte del Gobierno.
Considerando que estamos en un país aún democrático, es lamentable ver en el siglo 21 que no se respeta el derecho a la libre expresión. Fue lamentable cómo la Policía, haciendo uso de su autoridad, convirtió un plantón pacífico en una violenta pelea que terminó con personas golpeadas, asfixiadas, y ahogadas. Todo a cuenta de que se contaba con armas, piedras..., las cuales nunca existieron porque nuestra intención nunca fue agredir físicamente a nadie. Al contrario, nuestra manifestación solo contaba con carteles camisetas y gritos. Por este motivo los gendarmes, haciendo caso omiso a la ley, pretendían llevar presos a estudiantes que no habían hecho nada para ser detenidos.
Los simpatizantes del “Sí”, sí nos lastimaron utilizando gas lacrimógeno, gas pimienta, golpeándonos y amedrentándonos cuando nosotros estábamos utilizando nuestro derecho a la libertad de expresión. Entonces, ¿quiénes son los violentos? Es increíble que simplemente por exponer nuestras ideas nos hayan tratado como delincuentes, mientras aquellos matan, roban y asaltan sin recibir castigo alguno.
Susana Aguirre A., Samborondón |
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| ¿Qué nos pasa? V |
La juventud se pronuncia. “Su majestad” (es irónico pues de majestuoso nada tiene) incita a la violencia. ¿No es eso ser autor intelectual del hecho?
Queriendo escribir bien este artículo, procedía a acercarme a la página de la Real Academia Española (www.rae.es) y puse majadero en el buscador. El significado que encontré (que a mi parecer era por el que el poco majestuoso dictador): necio y porfiado; lo hilarante del caso fue que en porfiado encontré que era una persona: terca y obstinada en su dictamen y parecer. ¿No les parece conocida esta definición? Sí, es la definición verdadera de Correa, un porfiado demagogo.
Una vez había leído una frase, que hasta hoy la utilizo, y la uso de base para mantener la verdad: “El peor error de la mente humana es creer la cosas como uno quiere que sean y no como uno ve que son”, y Correa solo ha visto las cosas como él mismo quiere que sean y no como en realidad están pasando.
Me pronuncio porque hay que enseñarle a Correa que esos cincuenta no eran majaderos, sino guayaquileños que supieron pronunciarse ante el amargo bocado de la Constitución. Nosotros tenemos que enseñarle a Correa qué es democracia, porque al parecer, democracia para él es callar a la minoría.
Hay que enseñarle que estamos en contra de forma autoritaria de pensar, que no vamos a comer el dulce amargo de la Constitución, y que aquí los que amamos y miramos con ojos de esperanza a este país, los que queremos cambiarlos, somos más.
Me despido con esta frase de Voltaire, y diciendo que estoy dispuesto a correr el riesgo: “Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado”.
José Arturo Andino Montalvo, estudiante del quinto curso de colegio, Guayaquil |
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