Yo estudié durante seis años la carrera de Derecho en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, en donde me gradué como abogado hace casi catorce años. Por lo expuesto, lo que voy a contarle es, en gran medida, mi testimonio sobre la política estudiantil en ella.
Como en la mayoría de las universidades del mundo, en la Católica tradicionalmente existían movimientos políticos estudiantiles internos. Es decir, no contaminados por los partidos políticos tradicionales del país.
A diferencia de la Universidad Estatal, en la Católica los movimientos políticos simplemente disputaban la hegemonía en las diferentes dignidades de representación universitaria.
Las elecciones eran un asunto de quién gana a quién, de quién tiene más votos, de qué movimiento lidera políticamente a los estudiantes, de quién celebra la victoria; a nadie se le ocurría chantajear profesores, o lucrar con la representación estudiantil. Eran verdaderas fiestas con carteles, barras, gritos y, de vez en cuando, un cruce de puños entre gallitos “majaderos”.
A nivel de federación de estudiantes y en las diversas asociaciones de las facultades, la pugna siempre ha sido intensa entre Lista Uno y Lista Dos. El presidente Correa fue un gran líder por varios años de una de las listas; de esas gestas políticas nace el nombre Alianza que luego se convertiría en Alianza PAIS; y de esas jornadas data su amistad con algunos de los actuales colaboradores de gobierno como Juan Carlos Cassinelli, Caroline Chang, Rolando Panchana, Walter Guerra, Nathalie Celi, Camilo Samán, entre otros, que fueron de la misma línea política universitaria de Correa.
Hasta que, hace unos cuantos años, se habrían mezclado los roles, profesores y alumnos politiqueando y como resultado, la Católica ya no es, desde hace rato, lo que fue.
Toda esta historia, amigo lector, busca explicar dos hechos:
1.- Que no es necesario que un político externo a la universidad organice una protesta contra el Presidente; quien lo diga desconoce la tradición de la política universitaria en la Católica.
La rivalidad política existente y la evidente afinidad entre los máximos dirigentes de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica con el régimen, o su proyecto de Constitución (que es lo mismo) son suficiente razón para que el otro bando se haya opuesto a la kermés de los sábados, parafraseando a Le Luthiers. Afirmar lo contrario es creer no solo que el Presidente es “monedita de oro” para que le caiga bien a todo el mundo, sino además que la actual dirigencia estudiantil de la Universidad Católica no tiene oposición.
2.- Que la presencia del Presidente en ese recinto no fue casualidad ni decisión exclusiva de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica. Digámoslo claro: desde hace rato altas autoridades de la institución y hasta algunos familiares de estos vienen coqueteando unos y colaborando otros con el régimen; así es que no me vengan ahora a decir, como diría el otrora líder de los pobres “...que yo no fui…”.
Estoy seguro de que el Presidente no tuvo intención alguna de causar los lamentables incidentes que motivan este artículo. Simplemente no midió el alcance de sus frases; seguramente por un rato, recordando su época de líder universitario, se comportó como tal, olvidando que ahora es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y que estas y la Policía obedecen sus órdenes, ya no solo los estudiantes afines a su proyecto.
¡Qué pena, Universidad Católica, a dónde te han llevado...!