"¿Por qué me ha pasado esto a mí?" es probablemente la pregunta que más se repiten las familias de los 153 fallecidos en el accidente de avión de Madrid que desde la madrugada de este jueves se acercaban al recinto ferial donde los forenses identifican los cuerpos para colaborar en esta dura prueba difícil de asumir.
"Todavía están en una fase en que no se lo creen", "en la fase de impacto, todavía no están reaccionando". "Poco a poco se va asumiendo la magnitud de la tragedia", explicó el psicólogo Juan Mari Urruzuno, uno de los 300 voluntarios que asisten a las familias, a la salida del IFEMA.
La noche "ha sido especialmente dura para los familiares que han ido llegando sin información", su llegada ha sido "dramática", relató Miguel Angel Rodríguez, portavoz de Cruz Roja Española, en la entrada del recinto ferial en el norte de Madrid (IFEMA), adonde se trasladaron durante la noche los restos de los fallecidos que un equipo de unos 40 forenses identificaba con ayuda de parientes.
A este duro trámite, que por el momento ha permitido identificar a 50 pasajeros y que se anuncia largo, ya que muchos cuerpos están carbonizados por el incendio del aparato, llegaban familias de varias provincias españolas pero sobre todo de la isla de Gran Canaria, destino del avión y desde el que llegaron tres vuelos.
Al llegar al IFEMA "hay gente que físicamente no da para más", según Rodríguez.
"No tienen fuerzas para casi nada. Afortunadamente hay personas que rompen a llorar: eso es positivo (...) lo peor es quizá la gente que no lo externaliza. Muchos de ellos terminan en un silencio absoluto, están callados, están espreando información cierta de lo que ha pasado para poder informar a otros familiares", describe a los periodistas, que no tienen permitida la entrada al recinto ni el acceso a las familias.
"Lo más complicado es el trabajo con las personas que no reconocen todavía lo que ha pasado", admite.
Los familiares iban y venían al recinto ferial durante la jornada. Muchos, después de haber comenzado el proceso de identificación con la policía judicial, regresado a sus casas o al hotel a la espera de volver previa llamada de los forenses para confirmar la identidad de un fallecido.
"Nosotros les preparamos para lo que van a ver", ya que "normalmente la gente espera ver a sus familiares bastante mejor de lo que pueden estar", explica el psicólogo Juan Mari Urruzuno.
Los asistentes psicosociales de la Cruz Roja hacen "un acompañamiento en todo el proceso: en la entrevista con la policía judicial o en el reconocimiento por medio gráfico o in situ", relata.
El reconocimiento visual de los restos, en este caso, "es de las últimas opciones" y lo llevan a cabo "un par de personas, que suelen ser las personas que más enteras estén y que tengan una relación de parentesco suficiente para que sean válidas", precisa.
Afrontando la tragedia
Para algunos, el trabajo sigue siendo "un poco angustioso", en palabras de Carlos Macías, 46 años, trabajador social movilizado desde la provincia de de Extremadura y asistente psicosocial de Cruz Roja.
Su labor es "intentar redimensionar la situación, ayudarles a afrontarla" a pesar de que las familias llegan cargadas de "incertidumbre por no saber qué es lo que se van a encontrar", para que puedan "ir asumiendo" la pérdida.
Los 50 cuerpos identificados comenzaban a salir en féretros a primera hora de la tarde del IFEMA hacia el tanatorio de la Almudena, en Madrid, tras la visita de los Reyes de España y otras autoridades al recinto ferial, donde hace cuatro años también se vivió el duro proceso de identificación de las 191 víctimas del 11-M, que causó más de 1.800 heridos.
Mientras, decenas de familiares y amigos esperan impacientes que se confirme la identidad de su ser querido para despedirlo en los próximos días.