En Los Ceibos y en la vía a La Aurora se ofertan nichos entre $ 700 y $ 2.500.
En 60 días, dos mil nichos donde se depositarán las cenizas de los deudos empezarán a construirse como parte del gran templo católico denominado El Señor de la Divina Misericordia, que estará ubicado en el kilómetro 2 ½ de la vía La Aurora-Pascuales.
La dimensión de esta obra abarca los 30.000 m² de terreno con lagos, jardines y el templo, refiere el director de la construcción, Eduardo Romero, miembro de la Asociación, de carácter privado, del Señor de la Divina Misericordia.
Cada nicho, que medirá 40x40 cm y de fondo 50 cm, costará desde $ 2.500, cifra que incluye el valor de la urna (hay siete modelos) que contendrá los restos cremados del deudo. Las cuotas se cancelarán desde $ 40 mensuales. Además se firmará un convenio de comodato por 99 años renovables entre la Arquidiócesis de Guayaquil y el donante.
Que los restos de una persona descansen en la parroquia a la que pertenece es ya un hecho en la ciudad. En el templo María Madre de la Iglesia de Los Ceibos, la feligresía opta por alguno de los 1.250 nichos disponibles para dar sepultura a sus deudos.
“Creemos que este es un servicio de la parroquia hacia sus feligreses y colaboradores”, explica el padre Federico Gagliardo, párroco de esta iglesia. Hasta el momento, en el sitio se ha enterrado a benefactores del templo de Los Ceibos.
Los nichos tienen una dimensión de 40x40 cm y un fondo de 60 cm. Se los separa con $ 10 y el valor total es de $ 700.
Estos fueron inaugurados en el 2003, por iniciativa del padre Federico Gagliardo, párroco de Los Ceibos desde 1986.
En la historia
Ambos templos católicos retoman una tradición antigua como es la de enterrar a los muertos en la cripta de una iglesia o catedral.
Según la Guía Histórica de Guayaquil, de Julio Estrada Ycaza, los primeros cristianos sepultaban sus muertos en las denominadas catacumbas. Cuando ya pudieron ejercitar su culto públicamente, los entierros comenzaron a efectuarse en las iglesias. Así, relata Estrada Ycaza, “el fervor inicial del cristianismo levantaba iglesias tan rápidamente que no había problemas de alojamiento. La costumbre habría venido a América con Colón”.
En la obra también se comenta que en 1539, Carlos V le indicó a Fray Tomás de Berlanga que “los vecinos y naturales pueden enterrar libremente en las iglesias y monasterios que quisieran”.
Una de estas iglesias fue justamente la Catedral, pues junto a ella había un cementerio.
Monseñor Roberto Pazmiño comenta que entre 1924 y 1956 en el sitio fueron enterrados varios obispos. Vestigios de los restos humanos aparecieron entre 1956 y 1957 cuando se empezó a construir el edificio del Grand Hotel Guayaquil. “Comenzaron a salir huesos por todas partes mientras se excavaba”, afirma Pazmiño.
Este templo alberga en una cripta (cámara de roca, normalmente bajo el suelo de una iglesia) 160 bóvedas e igual número de nichos, donde reposan los restos de obispos y sacerdotes. En la sacristía de la Catedral se encuentran también las bóvedas de familias prominentes del Guayaquil de antaño, como los Peña, quienes colaboraron en la construcción del antiguo Palacio Episcopal.
Un área relativamente nueva del templo es el mausoleo, donde descansan los restos de obispos y arzobispos de la ciudad.
También en la antigua iglesia de San Agustín, que soportó los incendios de 1896 y 1902, se depositaron varios restos humanos que con el transcurso de los años se exhumaron y fueron trasladados al cementerio general a una fosa común.
Otras iglesias como la San José tienen los restos de quienes fueron sus fundadores, tal como lo comenta el rector de esta, el sacerdote Juan Valpuesta.
“A inicios del siglo XX, quien creó este templo, el padre Maurilio Detroux, de nacionalidad belga, y quien fuera expulsado de sus misiones del Oriente por Eloy Alfaro, fue enterrado aquí. Sus restos descansan en una bóveda, cerca del altar”, refiere el sacerdote, y agrega que en aquel tiempo algunos feligreses también fueron enterrados en diversos sectores de la iglesia, pero no constan ni nombres ni lápidas.
Y en el templo de San Alejo, hace cuatro años, cuando se remodeló el altar se encontraron restos de huesos humanos, vestigios de quienes estuvieron enterrados durante la época colonial.
DETALLES: Criptas
Fondos
El templo de El Señor de la Divina Misericordia recaudó fondos mediante varias iniciativas, como El ladrillo de la misericordia, donde por la donación de $ 5 se inscribiría en un sector del templo el nombre del donante.
Historia
Las primeras criptas fueron excavadas en la roca, para esconder de los profanos las tumbas de los mártires.
TEXTUALES: Impresiones
Eduardo Romero
Promotor
“Queremos llegar a toda la feligresía guayaquileña con este proyecto, especialmente a La Aurora”.
Roberto Pazmiño
Sacerdote
“En las iglesias más antiguas se encontraron restos de huesos cuando se las quiso remodelar”.