La vida divina me fortalece y me da energía.
Energético
A lo largo del día necesito alimento para continuar enfocando mi mente y vigorizando mi cuerpo. Este alimento físico me provee la energía que me permite llevar a cabo todo lo que necesito hacer.
Yo también necesito alimento espiritual. Al dirigirme a mi interior en momentos de oración, me uno con la vida de Dios que fluye en mi cuerpo, la cual me fortalece y me da vigor. En cualquier momento puedo hacer una pausa, respirar profundamente y afirmar que la vida de Dios es mi naturaleza divina.
Aunque tal vez sienta los efectos de las actividades del día en mis músculos o me dé cuenta de que empiezo a sentir cansancio, sé que la vida divina es ilimitada. Soy fuerte, vigoroso, vibrante y saludable gracias a la actividad de la vida de Dios en mí.
–Deuteronomio 34:7
“Tenía Moisés ciento veinte años de edad cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron ni perdió su vigor”.