Martes 19 de agosto del 2008 Editorial

Desgraciados los pueblos


Minutos antes, el Presidente de la República había incitado a sus seguidores, con la actitud de confrontación que lo caracteriza, a que “resuelvan ustedes mismos el problema”, recordándoles que ellos mantenían una ventaja física considerable (400 a 50, según sus propias palabras), pero olvidando en cambio que en una democracia no es a través de la fuerza bruta como se aclaran las divergencias.

Este atentado contra la Alma Máter es parte del proyecto de hacer reinar el miedo, para lo cual se insulta a disidentes con los epítetos más bajos o se ordena detener ilegalmente a los ciudadanos que expresan su malestar cuando ven pasar el vehículo presidencial.

Hasta el sábado esa política había comenzado a dar resultado. El miedo se está imponiendo en el Ecuador. Pero quizás los acontecimientos en la Universidad Católica de Guayaquil sean un síntoma de que las cosas comenzaron a cambiar. Esos valientes universitarios nos hicieron recordar las dramáticas palabras de Montalvo: “Desgraciados los pueblos cuya juventud no se rebela ante el tirano”.
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