Panamá se inclinó con respeto y admiración para recoger ayer la primera medalla de oro de su historia, ganada en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 por el Canguro tropical Irgin Saladino, que con un salto de 8,34 metros superó al sudafricano Khotso Mokoena y al cubano Ibrahim Canejo en la final de salto de longitud.
En Colón, tierra natal de Saladino, automovilistas hicieron sonar sus bocinas y los residentes del modesto barrio de Altos del Atlántico, donde viven los padres del campeón, salieron de sus casas alzando los brazos y festejando al ritmo del reggaetón el triunfo de Saladino.
“Soy el hombre más feliz de la República de Panamá. Mi corazón se quiere salir de la alegría. Mi hijo me la prometió. Y al pueblo panameño le digo que la celebre porque esta medalla es de ustedes”, dijo David Saladino, padre del atleta en su casa ante centenares de personas que siguieron la competición.
Panamá llevaba 60 años sin saber lo que era ganar una medalla olímpica y hay que remontarse a los Juegos Olímpicos de Londres 1948 para descubrir la única vez en que un panameño se hizo de preseas.
El campeón del Mundial de Osaka 2007 destacó que al principio de la prueba dudó de que pudiera alcanzar el oro debido a una dolencia de rodilla.
“Para ser honesto, fue muy difícil al inicio porque aún me duele una pierna. El dolor se mantuvo durante la final (...) Pero después del tercer salto pensé que iba a ganar la medalla de oro”, destacó Saladino.
“Esta medalla es 50% brasileña y 50% panameña, pero más que nada panameña”, remarcó en referencia a que vive y entrena en Brasil.
El sudafricano Mokoena se llevó la plata con un estirón de 8,24 metros, y el cubano Camejo ganó bronce con 8,20 m.