La Churona será llevada mañana en su último periplo hasta la Catedral de la ciudad de Loja.
Los 200 mil peregrinos que acompañan a la Virgen de El Cisne desde el domingo, cuando la imagen salió del santuario, ubicado a 91 km al noroccidente de la provincia, descansarán hoy en Catamayo, para iniciar la última parte del peregrinaje mañana.
Ayer, durante el segundo día de peregrinaje, las campanadas de la iglesia de San Pedro de la Bendita, una población de 300 habitantes, despertaron a los romeriantes que pernoctaron allí, como custodios de la imagen venerada.
Luego de la eucaristía, el Personal de Gancheros, grupo que custodia la imagen durante los últimos 80 años, levantó la imagen, pero antes cambiaron su vestido verde agua por uno lila, adornado con arandelas y lentejuelas blancas y brillantes.
Varias mujeres marcaban, con pétalos de rosas, el camino por donde la imagen pasaba; ellas quedaron dentro del cordón de seguridad que un centenar de militares y un número similar de policías formaron para impedir que la multitud se amontone en torno de la urna de metal y vidrio.
Entre los romeriantes se ubicó Leonor Quille, de 90 años de edad, quien se aferró al antebrazo de su nuera Gladys Ayora. Es la primera vez, en estos últimos 30 años, que se suma al desfile a pie para agradecer por haber salvado de la muerte a su hijo el año pasado.
Durante los 12,5 km que existen entre San Pedro de la Bendita y Catamayo los romeriantes, guiados por el sacerdote Marcos Segarra, rezaron.
El sacerdote, ayudado de un megáfono, incitó a los peregrinos a aplaudir y avivar el nombre de la Virgen María, y en varios tramos del periplo, también a negar el aborto. “Qué habría pasado si la Virgen se negaba a traer al mundo a su hijo”, se preguntaba.
La mayoría de fieles llega a la procesión para agradecer por la salud, la prosperidad económica y estabilidad en el trabajo.
A esta celebración de fe se suman acciones caritativas como las emprendidas por las familias Maldonado Córdova y la Gutiérrez, que dan comida gratuita a unas 700 personas.
Ambas familias coincidieron en que siguen una tradición iniciada hace unas ocho décadas por sus padres.
Enit Hidalgo recibió de sus padres, fundadores del ingenio azucarero Monterrey, el mismo legado hace 82 años y hoy sus hijos y sus nietos lo ayudan.
Hace seis años la familia Castillo Valenzuela se sumó a estas acciones y ofrece en forma gratuita refrescos de naranja en la entrada del centro de Catamayo. Varios tanques plásticos almacenan el líquido y se reparte a unos 2.000 romeriantes.
Fabiola, Agueda y Beatriz Castillo se encargan de llenar los vasos desechables. Su hermano, Melali, recuerda que todo inició cuando se construía su casa. “Los peregrinos se peleaban por mojarse con el agua de la manguera”. Ahora vive en Guayaquil pero regresa cada año en esta época para refrescar a los caminantes.
La imagen saldrá mañana de Catamayo, a las 07:00.