Según un estudio, se puede extender la expectativa entre 7,5 y 10 años más.
La felicidad es la clave para vivir más, no cura pero protege de las enfermedades, esto según un estudio que será publicado el próximo mes por científicos holandeses.
El profesor Ruut Veenhoven, de la Universidad Erasmo de Rotterdam, afirma que para vivir mejor, ser feliz es tan eficaz como dejar de fumar, puesto que la felicidad puede alargar la vida entre 7,5 y 10 años.
Este estudio, realizado a partir de unos 30 informes de diferentes países, se suma a otras investigaciones, especialmente económicas, que intentan comprender lo que nos hace felices, y por qué las riquezas materiales no conllevan la felicidad. Se crea así un nuevo ámbito en la investigación que algunos economistas llaman hedónico.
Según esta corriente de economistas, a partir de un poder adquisitivo de 10 mil dólares anuales, el aporte en cantidad de felicidad de las condiciones materiales crece mucho menos. La felicidad se nutre entonces de otras circunstancias como la amistad, la pertenencia a una comunidad, la libertad, la democracia o las instituciones equitativas y eficaces.
En el estudio de Ruut Veenhoven, publicado en el Journal of Happiness Studies (revista de los estudios sobre la felicidad), una publicación multidisciplinaria que existe desde el 2000, el investigador se pregunta si el buen humor tiene un impacto en la esperanza de vida. El resultado tiene matices.
El científico, sociólogo explica que la gente feliz tiene tendencia a vigilar su peso y los síntomas de las enfermedades, a fumar y beber menos. Son personas más dinámicas, más abiertas al mundo, confiadas, y con más relaciones sociales.
“Un estado de tristeza crónica crea una reacción del tipo combate o huida, y este tipo de reacción es conocida por generar, a largo plazo, efectos negativos como una tensión arterial alta y bajas defensas inmunitarias”.
Las investigaciones sobre la felicidad son muy reducidas: existen actualmente pocos estudios sobre el impacto del medio profesional, las condiciones de la vivienda o la escolaridad. Tampoco existe “un sistema de consejos o de asistencia para conseguir una vida mejor”, como destaca Veenhoven, que concluye: “Es una sorprendente falta del mercado, dada la cantidad de gente que tiene el sentimiento de que podría ser más feliz”.