Devotos de todo el país acompañaron a la Virgen de El Cisne hasta San Pedro.
Cada peregrino cargó su equipaje (una mochila o un saquillo) y un cúmulo de oraciones para agradecer y pedir favores. Pero a todos los unió un solo objetivo:
acompañar en la travesía a la Virgen de El Cisne, o como cariñosamente la llaman, La Churonita, por el cabello largo y rizado que cubre la espalda de la imagen de 64 centímetros que la representa.
Alrededor de 200 miembros de la Policía resguardaron la pequeña imagen que este año lució un vestido verde agua de tela brillante y un velo de tul, sobre el cual se ciñó un sombrero de paja toquilla.
El niño que la imagen lleva en una de sus manos tenía la misma vestimenta, y ambos estaban dentro de una urna elaborada de metal y vidrio en estilo gótico, que debía ser limpiada frecuentemente porque el sol humedecía los extremos.
Desde las 03:00 y hasta las 15:00 de ayer, aproximadamente unas 200 mil personas recorrieron los 25 kilómetros de vía que separan a la parroquia de El Cisne, del poblado San Pedro de la Bendita, con temperaturas que en las primeras horas oscilaban entre los tres grados centígrados y los 28 que alcanzó hasta pasado el mediodía.
Leopoldina Villalta vino de su natal Loja con su hijo, su nieto y su nuera. Ella salió descalza de la iglesia, como aseguró que lo hace desde que tiene uso de razón, cuando su mamá la llevaba a las peregrinaciones, y hoy, con 60 años, prometió que continuará el periplo cada año, “hasta que Dios y la Virgen me lo permitan”.
Pero quienes velaron desde el sábado son los 22 integrantes del grupo Personal de Gancheros de El Cisne, cuya misión –transmitida por generaciones– es llevar en andas a la Virgen a lo largo de los 59 kilómetros hasta llegar a Loja.
Entre la multitud estaba Nancy Plascencia, con ocho meses de gestación, para quien el sacrificio de la caminata valía la pena porque confía en que la Virgen la protegerá a ella y a su hijo en el parto.
Entre cánticos y rezos del rosario, la procesión avanzaba. En los primeros cuatro kilómetros, en el lugar conocido como Agua del Milagro, donde una gruta de piedra se levanta y deja caer dos chorros de agua, cientos de feligreses pugnaban para llenar envases plásticos.
Desde Milagro y como lo hace durante los últimos 20 años, se sumó a la peregrinación Pidal Cruz, un mendigo que usa solo sus brazos como palancas para impulsarse y movilizarse, luego de perder sus piernas en un accidente de tránsito cuando tenía 19 años.
La primera parada fue en el kilómetro 20, en la hacienda de la familia Maldonado Córdova. Como todos los años allí se celebró una misa y los anfitriones, como es su costumbre, alimentaron a más de 600 personas.
El periplo continúa hoy desde las 07:00 hasta Catamayo.
Allí los fieles pernoctarán hasta mañana y el miércoles saldrán a Loja, donde se prevé un recibimiento artístico, cultural y religioso desde las 19:00.
Asistencia multitudinaria
De Loja, Cuenca, Huaquillas, Machala, Guayaquil, Quito, Ambato, Otavalo, Pedernales, Quero, Tungurahua y de todo el país; los devotos llegaron y acompañaron a la imagen de la Virgen hasta el templo de San Pedro.
Bendición de imágenes
Desde el 1 de agosto, varios sacerdotes se turnan alrededor del convento central en El Cisne para bendecir imágenes, rosarios, esculturas, postales, cuadros, escapularios y otro tipo de recuerdos de los devotos.
Templo de San Pedro
En el kilómetro 4 que conduce hacia San Pedro de la Bendita miles de devotos de la Virgen toman agua de una gruta de piedra, considerada un milagro, pues hace un siglo hasta allí acudió un peruano para calmar su sed.
Alimentos gratuitos
Por un mes, 80 miembros de la familia Maldonado-Vallejo se organizan para preparar los alimentos que durante el primer día de peregrinación brindan a los integrantes del clero, Policía, organismos de socorro y familias que llegan a su hacienda.