Marthita Ampuero, con apenas 10 años de edad, es muy vivaz; nadie diría que tiene síndrome de Down. Al conversar con ella dice que le encanta escuchar música, ir al cine, ver telenovelas y estudiar matemáticas e historia, pero sobre todo jugar con sus compañeros del sexto año de educación básica.
“Su habilidad para expresarse se debe a la inclusión social que ha tenido desde los 3 años cuando empezó sus estudios preescolares en el colegio Crear, donde estudian alumnos que no tienen ningún tipo de discapacidad”, afirma su mamá, Martha Trujillo de Ampuero.
Según Irene Bjaner de Estrada, su hijo Daniel, quien padece de síndrome de Down, también es un ejemplo. Él se integró a Crear desde que tenía 3 años de edad; esto le permitió ir mejorando poco a poco con mucha seguridad. “Se debe al apoyo de sus maestros especializados y, sobre todo, porque nunca hubo el temor de que se atrasara en su aprendizaje escolar, por seguir el mismo currículum de sus compañeros de educación regular”.
Plan en marcha
Los primeros que iniciaron en Guayaquil, hace 42 años, la corriente de inclusión de niños con discapacidad intelectual en escuelas particulares y fiscales, fue la Fundación de Asistencia para niños, adolescentes y adultos con retardo mental (Fasinarm), según la directora general Alegría Barrezueta de Vera.
Más tarde, hace 25 años, fue el Liceo Los Andes. La psicopedagoga Soledad Ramírez del Canto, dice que hoy de los 700 alumnos que tienen hasta quinto año de secundaria al menos dos por clase poseen dificultades de aprendizaje y autismo.
“El objetivo de integrar a niños con necesidades educativas especiales en una institución de educación regular se debió al requerimiento que tenían algunos padres de que sus hijos pudieran desarrollar sus necesidades académicas y de convivencia más de lo que obtendrían si estuvieran solamente con personas discapacitadas”, dice la psicóloga educativa María Dolores Cedeño, directora del colegio Crear, donde hay 300 alumnos y de estos 12 totalmente integrados.
Cómo favorece
Según Amparito Zambrano, licenciada en Ciencias de la Educación del centro infantil Golositos-Nicolás Zambrano, que integra a cinco niños con discapacidad como retardo leve, síndrome de Down, autismo o con dificultades de lenguaje, el sistema de inclusión les favorece totalmente, porque desarrollan su personalidad integral y social, sobre todo, al imitar a sus compañeros que no tienen problemas.
El beneficio es compartido. Los alumnos sin dificultades educativas aprenden que en la sociedad todos somos iguales como seres humanos, pero diferentes al mismo tiempo porque no se tiene una misma condición, capacidad intelectual, gustos, intereses o disposición para una tarea. Sobre todo asimilan el valor de la tolerancia y solidaridad, y aprenden a convivir con diferentes niveles de aprendizaje, concuerdan las entrevistadas.
Evaluación psicopedagógica
Para que un niño con discapacidad pueda, por sus características, estudiar en una escuela o colegio regular debe someterse a una evaluación psicopedagógica, física y ocupacional con un equipo multidisciplinario con experiencia en necesidades educativas especiales, según las expertas.
Barrezueta, dice que Fasinarm, brinda apoyo técnico al docente que recibe al alumno con discapacidad intelectual y su familia. Además sensibiliza a los padres y directivos de los niños regulares, porque piensan que la educación de estos se retrasa y no es así.
Cedeño considera necesario saber el grado de discapacidad. Si es física se integran sin ningún problema, pero es más difícil cuando la deficiencia es de índole mental como un síndrome de Down o de comunicación como en el caso de los autistas, entre otros.
“Muchas veces por la propia discapacidad es necesario implementar ciertos aspectos que no se pueden hacer en la escuela regular. De ser así deben estudiar en un plantel especial, porque los problemas de aprendizaje son más severos”, agrega Cedeño.
El tema de la integración, dice, ha servido para pulir la metodología con que se enseña a los alumnos de educación regular y a su vez a esta se incorporan aspectos que la preparación especial brinda, como desmenuzar más el contenido, llevar una secuencia a la hora de enseñar o enfatizar más la riqueza de los sentidos.
Método apropiado
En Crear, por ejemplo, se adapta el currículum a las necesidades del alumno discapacitado. Después de recibir clases, que son las mismas para todos los estudiantes, la maestra especializada en educación especial extrae lo más relevante de la información que ellos van a estudiar.
En cambio, en el Liceo Los Andes hay programas específicos para la integración, además de talleres de teatro, pintura, música, entre otros, con alumnos comunes y corrientes.
Ramírez agrega que algunos alumnos con discapacidad pueden ir solos a sus clases porque tienen el suficiente lenguaje y la posibilidad de entender lo que la maestra va a decir. Pero los que tienen un poco más de dificultad van acompañados de una psicopedagoga; y dependiendo de su dificultad van a un aula especial donde trabajan con material específico, tiempo apropiado y una maestra especializada.
Cuando el personal de la institución se compromete con la integración de manera permanentemente, los niños y adolescentes con necesidades educativas especiales pueden aprender y lograrse el éxito deseado, concluyen Cedeño y Ramírez.
Informes: Colegio Crear. 283-5215; Liceo Los Andes. 287-0024. Jardín Golositos. 234-1800. Fasinarm. Telf. 268-1297