Con la cabeza reclinada, María Colta, de Loja, ingresó a la sala de penitencias, un lugar reservado en el templo para los que se quieren confesar, pero antes con un grupo de 20 personas debió tener una orientación de las religiosas Dominicas Nazarenas para alcanzar un verdadero arrepentimiento, como advirtió una de ellas desde el altar.
Colta llegó el jueves pasado a El Cisne para prepararse y bautizar mañana a su pequeña hija, Nicole Esperanza. Lamentó que su trabajo como empleada doméstica no le permita dejar más de $ 70 en limosna.
En las afueras del templo y en la primera planta del convento, que antes pertenecía a la congregación de curas oblatos, cientos de peregrinos hacen fila para dejar sus contribuciones. Manuel Pereda llegó de Chimborazo y dejó unos $ 100 de limosna por su familia.
En la otra calle del convento, decenas de peregrinos dormían sobre esteras (alfombras tejidas con fibras de totora) y frente a ellos, sacerdotes de la Diócesis de Loja se turnaban para, con un recipiente de metal en una mano y un ramo de flores plásticas en otro, bendecir postales, cuadros, esculturas, escapularios y rosarios, por los cuales los fieles también dejaban su limosna.
Armando Jiménez, párroco de El Cisne, aseguró que el monto que la iglesia recauda por limosnas varía cada año, pero que en promedio el rubro alcanza los $ 400 mil, con los cuales desde hace 2 años se hacen obras sociales para los parroquianos.
Así la Iglesia instaló un centro de salud, con profesionales que brindan atención y medicina gratuita los fines de semana. También en ese tiempo funciona un colegio gratuito para 47 estudiantes. Está en marcha la creación de un asilo para ancianos y un dispensario odontológico. Esto se dio luego de que un grupo de moradores, liderados por Martha Jiménez Suárez, presidenta de la Junta Parroquial, cerraran el acceso al santuario para reclamar la inversión en su tierra de los fondos que dejan las festividades de la Virgen de El Cisne.
“Estuve presa ocho días por ese levantamiento, pero no sirvió de mucho porque luego algunos vecinos se arrepintieron y dejaron de reclamar”, expresó la dirigente, quien percibió $ 6 mil al año como presupuesto para las obras de la Junta.
Jiménez acotó: “Con eso no podemos hacer obras, pero pienso que con la ayuda de otras instituciones y el aporte de la iglesia esta comunidad puede mejorar su situación económica”. Pero la dirigente concordó con el párroco en un aspecto de la comunidad: “Existe división entre los pobladores”.
Para el sacerdote, esta división es cultural, las envidias y resentimientos que existen entre familias impiden el desarrollo. La presidenta de la Junta Parroquial dijo estar de acuerdo con esta visión, pero acotó que todo empezó desde que las peregrinaciones tomaron fuerza hace casi 60 años.
“Por lo menos los que tienen posibilidades no quieren construir casas nuevas en El Cisne, prefieren hacerlo en Catamayo, en Cuenca o en Quito, pero de aquí se van”, dijo el párroco, quien agregó que su misión es lograr la unidad de su pueblo.
Pero primero le tocó recuperar la confianza de ese pueblo, que en el 2006 pidió el cambio de su antecesor, al que la gente reclamaba cuentas de las limosnas que dejaba la Virgen.
Mientras la iglesia y el pueblo intentan ponerse de acuerdo sobre cuál debe ser el rubro de inversión en el pueblo, la municipalidad de Loja también intenta cumplir con su parte. Este año cambió la antigua tubería.
Esto permite que ahora la población cuente con agua potable y alcantarillado, lo que también permite que los dueños de algunas viviendas instalen baterías sanitarias y las renten por $ 0,20 a los peregrinos y con esto suba la plusvalía para rentar los cuartos de sus viviendas, que llegan a $ 40, para 6 personas.
Pablo Narváez, coordinador de la Municipalidad, calculó que entre el 1 de agosto y el 15 de septiembre se reciben unas 10 mil visitas. Pero el número de fieles que llega a la parroquia de El Cisne supera ese número, aunque no hay un cálculo real.
Narváez aseguró que no hay cifras de los recursos que dejan los visitantes para el turismo local, pero sí hay ganancias.
La Municipalidad invierte $ 4 mil en la fiesta del último día de peregrinación, desde El Cisne hasta el centro de Loja, pero los fondos que recauda la iglesia no se invierten al menos en este día de festividad, dijo Narváez.
Armando Jiménez
Párroco
“Con eso ($ 6.000) no podemos hacer obras. Con la ayuda de instituciones y la iglesia, la comunidad puede mejorar.”