Domingo 17 de agosto del 2008 Cine

La sinrazón de la brutalidad

torffeqt@gmail.com | Por Torffe Quintero Touma

Crítica

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Una escena del filme El viento que acaricia el prado, del director inglés Ken Loach.

Sólida puesta en escena con intensidad y buen gusto narrativo.  El viento que acaricia el prado, ganadora de la Palma de Oro en Cannes en el 2006,  es un filme en el que conviven lo mejor y lo peor del septuagenario director inglés  Ken Loach: Por un lado continúa inclaudicable en su propósito de revisar en la pantalla grande los conflictos sociales a la vez que mantiene en alto su sensibilidad para retratar a los héroes anónimos de las clases populares.

Por el otro, en esta cinta se puede  observar  cierta tendencia al maniqueísmo y  al didactismo. Pero Loach mantiene su postura  y cuestiona tanto la brutalidad de los ingleses como los absurdos de la lucha de los irlandeses en su filme.

Títulos como Tierra y libertad, Ladybird, Ladybird,   Riff Raff  o Agenda secreta destacaron el nombre de este director, pero creo que esta vez estamos ante una historia que tiene una actualidad enorme (se toca, a semejanza, con la realidad vivida  por el pueblo iraquí ante la presencia de los Estados Unidos en su territorio; o la existencia de un estado israelí en pueblo palestino).

El valor histórico de la cinta es importante,  tan solo por el hecho de que no son muchos los documentos cinematográficos sobre este tema específico. De igual manera, suponía una gran responsabilidad narrar un momento de la historia tan complejo y que aún invade una parte del pueblo irlandés. Loach cuestiona tanto la brutalidad de los ingleses como los absurdos de la lucha de los irlandeses en su filme.

Con una fotografía y ambientación  inmejorables, junto a un  excelente manejo actoral, se destaca la presencia hipnótica de Cillian Murphy (Cold Mountain y Batman Begins) sin lugar a dudas es su caracterización la  que  da peso a la historia. Quizá el problema que evidencia esta cinta se traspasa a quien esté sentado en la butaca: llegar a ella sin conocimientos históricos previos es desear no disfrutarla o salir del cine quedándose con una historia sosa.

El resultado es un drama fuerte, que conmueve y  moviliza. Es imposible estar indiferente, y ese es uno de los logros de esta película. La cinta  toma su nombre del verso de una canción del siglo XIX perteneciente a Robert D. Joyce y que además, era interpretada  por los simpatizantes del grupo IRA; tiene como punto de referencia los acontecimientos ocurridos entre 1920 y 1923, momento crucial en que la resistencia irlandesa  se opone al Tratado de Autonomía Anglo-Irlandés.

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