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DOMINGO | 17 de agosto del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Constitución e Iglesia II
No sé hasta cuándo vamos a tolerar que se siga ofendiendo a la cabeza de la Iglesia católica aquí en Guayaquil, a monseñor Antonio Arregui; y es que no solo se lo agrede a él sino a toda la población creyente.

Meditemos en todas las consecuencias que se irán dando a través de la campaña, si permitimos que se sigan dando posiciones sectarias. Afrontemos ya esta dura circunstancia y unámonos todos los que concordamos para discutir las verdaderas razones por las que estamos en contra del proyecto de Constitución.

Consuelo Reyes de Guzmán,
Guayaquil

Tengo a bien ayudar a la directora del Movimiento Impunidad Jamás, a comprender ciertas definiciones erradas tanto en su proceder como en su conocimiento del tema Iglesia, Vaticano y clero.

Para comenzar, revisemos estas dos palabras: iglesia, con minúscula, e Iglesia, con mayúscula. La ‘iglesia’, con minúscula, se refiere al edificio donde se congregan los fieles para rendir culto y oblación a Dios. Iglesia, con mayúscula, se refiere a todos nosotros los bautizados, practicantes o no. Si usted fue bautizado, entonces usted también es parte de la Iglesia.
El Vaticano y el clero no se manejan como una multinacional en donde se trabaja a presión por resultados inmediatos. Nada más alejado de la realidad. El Papa en el Vaticano, los obispos, los presbíteros y los diáconos conforman el magisterio de la Iglesia, asumiendo de esa forma el legado de Jesús, guiando, enseñando al pueblo de Dios en la moral y la fe. Sobre este aspecto vemos claramente que no es que la Iglesia se ha metido en política sino al revés: los políticos han querido legislar a su gusto la moral; área de labor exhaustiva de nuestros pastores católicos y cristianos evangélicos por igual.

Ya que estas palabras han quedado bien definidas, deseo ahora hacerle saber que nuestros sacerdotes son muy queridos, respetados y apoyados por la Iglesia militante del Ecuador, por lo que la exhorto muy cordialmente a que busque y trate de encontrar, entre los papeles que deben estar en algún tacho de basura en Ciudad Alfaro, las 800 mil firmas a favor de la defensa de la vida y de la familia, que fueron entregadas por nuestros representantes en Montecristi a la Asamblea para su debida consideración; y si lo desea, tómese la molestia de llamarnos a todos a juicio penal porque todos quienes firmamos somos la Iglesia.

Patricia Ortega Pareja,
Guayaquil

Es lamentable que en Guayaquil –considerada La Perla del Pacífico– haya tantos mendigos en sus calles, en especial en los alrededores de la zona regenerada del centro, y en los alrededores de iglesias.

¿Por qué autoridades civiles y eclesiásticas no toman correctivos del caso?, brindarles atención médica y ropa o empezar a enviarlos a una fundación. ¿Es que acaso están pensando más en mostrarle al Gobierno el desacuerdo con el proyecto de Constitución?

¿Por qué si se defiende la vida desde su concepción no la protegen hasta el final? ¡Por favor, señores de las iglesias!, la política es para el electorado; ustedes encárguense de curar los males del alma.

Kléber Wilfrido Barragán Hernández,
licenciado en periodismo, Guayaquil

 

Constitución e Iglesia

Cada vez que traman algo políticamente para su conveniencia, empiezan a distraer la atención del pueblo haciendo y diciendo cosas que son absurdas y dañinas.

Así lo hemos visto en estos casi dos años de régimen mediante diversas situaciones, y lo vimos en la Asamblea donde alza manos empezaban a crear polémica con cambios al escudo, con el placer sexual femenino, y más, para dar de qué hablar al público y “entretenerlo” mientras desde Carondelet les redactaban la Constitución.

Ahora que siguen en campaña por el “Sí” al proyecto de su Carta Magna, no solo  insultan a la prensa, a Guayaquil, a su Alcalde, a su ciudadanía; sino que hasta han llegado a irrespetar a la Iglesia, a arengar a que la gente insulte a los sacerdotes en plena misa, y hasta demandar penalmente a nuestro querido arzobispo y presidente de la Conferencia Episcopal del Ecuador (CEE), monseñor Antonio Arregui.

Un grupo ha aparecido por los medios de comunicación diciendo que el obispo no debe hacer comentarios (catequizar) sobre el contenido de la Constitución en lo relacionado a la unión homosexual, al aborto, y hasta han pedido al Papa que lo destituya.

¿Acaso no saben que la pastoral de todo buen sacerdote es enseñar a vivir fielmente la Palabra de Cristo aplicándola en cada circunstancia de nuestro diario vivir y en lo que ocurre en nuestro alrededor, en nuestra sociedad, en el mundo?

 Si matar o abortar, si llamar “matrimonio” o dar lugar a la unión de homosexuales y lesbianas es bueno para los políticos que lo han discutido entre ellos para imponérnoslo como nuestra ley, ¿por qué entonces con nuestros sacerdotes, nosotros los fieles quienes hacemos la Iglesia, no podemos analizar eso de acuerdo a los valores cristianos y humanos para determinar si es bueno como dicen o si es malo? Ignorantemente se dice que los curas solo están para rezar, sí están para eso y especialmente para guiarnos a nosotros la Iglesia, según las enseñanzas de Cristo (el Verbo) y discenir.

Carlos Andrés Miranda,
Guayaquil

Sería más  plausible que los señores de la Conferencia Episcopal dijeran abiertamente que harán campaña política por el “No” en el próximo referéndum, que esconderse detrás de la palabra “catequizar”.

El presidente de la Conferencia Episcopal,  Antonio Arregui, ha dicho en rueda de prensa que hay “temas no negociables” en la nueva Carta Magna, por presentar esta “incompatibilidades”. Imagino que se refiere a incompatibilidades con los dogmas católicos.

Pero en pleno siglo XXI una Constitución no puede ni debe basarse en dogmas, ya que estos no admiten crítica alguna ni tampoco discusión.
Se define a todo dogma como la declaración de una doctrina religiosa formulada de manera autoritaria..., que se expone para no ser discutida sino para creer en ella.

Prefiero lo tangible de la Pacha Mama; del derecho de todos a la educación y salud dignas; de la protección por parte del Estado a la vida desde su concepción; del derecho que todos tendremos a usar, disfrutar y a transferir nuestra propiedad privada; de la vigencia del matrimonio heterosexual y su irrenunciable derecho a la planificación familiar; y de los derechos civiles que tendrán las personas en las uniones monogámicas.
El alto contenido social de esta nueva Constitución y su mecanismo de “muerte cruzada” entre el Ejecutivo y el Legislativo, permitirá la tan ansiada gobernabilidad del país. Oponerse al voto afirmativo en el referéndum, equivale a regresar al pasado oprobioso que tanto detestamos todos.

Sergio Eguiguren,
Guayaquil
 

Constitución e Iglesia III

¿A quién debo creer?, ¿a Monseñor Arregui a quien nunca desde que tengo uso de razón, lo he escuchado calumniar, ofender, agraviar a alguien, y ha practicado siempre el lenguaje de la paz, fraternidad,  tolerancia, el perdón, amor, respeto, y que impulsa numerosas obras de piedad para con los necesitados?, ¿o al que agravia a las mujeres –incluso haciendo alusión a situaciones dolorosas como el divorcio– o las llama desquiciadas, gordas horrorosas, arpías, majaderas; que hace de la violencia verbal una norma de gobierno; a quien en actitudes xenófobas crea enemistades entre ecuatorianos cuando dice “coloraditos de Samborondón que van en sus carros cuatro por cuatro a los cuales ustedes negros, cholos, indios les apestan?

Por sus frutos los conoceréis.

Nelly Susana Rojas Zamora,
Cuenca

Desde que terminó la Asamblea, veo que han comenzado su campaña por el “Sí”, arrasando todo lo que tienen a su paso para poder lograrlo.

El problema es que nuestra libre opinión está siendo oprimida. Nadie puede ya decir lo que piensa porque es desacreditado de cualquier forma, y lo que más me preocupa, es que nuestra Iglesia católica está siendo atacada de forma inimaginable. Los católicos estamos en el derecho de saber qué es lo que piensan nuestros pastores sobre los artículos nuevos que se dan en la Constitución, y si se van en contra de nuestras creencias o no.

Se supone que vivimos en un país de libre expresión y culto, sin embargo, el Gobierno solamente está sentando un precedente donde muchos creen que el correcto actuar es insultar y desacreditar.

Se han visto ya unos actos de vandalismo que no son otra cosa que una reacción a lo que invitan. Creo que todas las religiones están en este momento mostrando a sus feligreses qué se opone y qué no a sus creencias; pero creo que la nuestra es una muy fuerte y grande, por esto que nos dan más duro.

No considero bajo ninguna circunstancia que la Iglesia se esté metiendo en el campo de la política, sino que es su obligación aclarar de qué manera se puede afectar el actuar y pensar de la gente a futuro, nuestros valores y creencias.

María Mercedes Trujillo Amador,
Quito

Tanto la Iglesia católica como la evangélica tienen todo el derecho, deber y obligación de opinar y dar a conocer a sus feligreses sobre el contenido del proyecto de la nueva Constitución, y dejar muy claro cuál va a ser su posición con respecto al mismo.

¿Y cómo no van a inmiscuirse en esto, si la Constitución está tocando temas como el aborto, familia, educación y libertad religiosa, que son los fundamentos de la civilización, de la sociedad, y su futuro?
Si no estaban de acuerdo con que la Iglesia participe, ¿por qué permitieron  sacerdote asambleísta?, además, teniendo un cura entre ellos, ¿por qué necesitaban de un sacerdote asesor extranjero? ¿Es que acaso en nuestro país no existen muchas órdenes sacerdotales a las cuales les podían pedir ayuda, o esclarecimiento de temas religiosos?

Estas son unas de las tantas contradicciones que estamos viviendo.

Marcela Yépez Intriago,
doctora, Guayaquil

Invito a todos los ecuatorianos que creen en Dios, a que no se dejen mangonear de ese tipo de persona que ahora incita a todos los ecuatorianos a que les faltemos el respeto a los sacerdotes, a que profanemos las iglesias. ¡Esto es la gota que derramó el vaso!

¿Qué se ha creído? Insulta al que le da la gana, ofende a las mujeres mayores de edad (incluso en algún momento le podría tocar a nuestra madre); él piensa que solo tiene la razón y nos trata de convencer con discursos baratos y usa nuestro dinero en propagandas televisivas mientras muchos niños y gente se muere de hambre y nadie le dice nada. Compatriotas, estamos cayendo en un juego terrible en el cual nosotros seremos los perdedores.

Luis Bonilla,
Guayaquil

La Iglesia católica y la evangélica a la que  pertenezco, combatimos, no de ahora, sino desde mucho antes, los peligrosos preceptos del flamante texto constitucional, y no tiene sentido la afirmación del presidente Correa de que la Iglesia ahora protesta por estos temas.

Hace bien monseñor Arregui, pues no necesita hablar de lo que es evidente en nuestra comunidad: su buen proceder. Sabemos muy bien dónde poner este proyecto constitucional.

Julio César de Luna Vinces,

Foro de lectores

¿Cree que son ciertas las denuncias de que alguien alteró el proyecto de nueva Constitución?

El proyecto de nueva Constitución repite el juego discrecional del estatuto de la Asamblea. Allí, el Gobierno lanzó el término “plenos poderes” sin acordar una definición clara, para interpretarlo a su antojo. De igual forma, el texto constitucional inventa términos nuevos como función ambiental, identidad de género, libertad estética, soberanía alimentaria, ética laica, buen vivir, desarrollo holístico... Los asambleístas “olvidaron” ofrecer un glosario de su significado, por lo que el proyecto de nueva Constitución, al igual que el estatuto, es un cheque en blanco.

Paúl Tapia Goya,
Guayaquil,

¡Pero si los mismos que estuvieron en Montecristi en calidad de asambleístas han hablado ante los medios de comunicación, sorprendidos porque un día se demoraban hasta la medianoche elaborando unas leyes, y al siguiente estas amanecían totalmente cambiadas en los papeles impresos que les entregaban en ese recinto.

Entonces, si ellos que fueron testigos de lo que pasaba ahí internamente lo dicen, qué más podemos comentar nosotros, el pueblo, a quienes nos prometieron muchos cambios en la nueva Constitución, pero parece que lo que escribieron son mandatos, normas, leyes que solamente les conviene a unos, y no a toda la población, a la cual solo nos utilizan para que les demos el voto.

Todo esto que ocurre en nuestro país nos causa gran decepción.

Roberto Mario Zúñiga,
Machala, El Oro


¡Contundentemente ciertas! Personajes que han dado testimonio de esas flagrantes irregularidades son, entre otros, el abogado León Roldós Aguilera y el economista Pablo Lucio Paredes –ambos ex asambleístas y probos– han explicado minuciosamente cambios y omisiones de artículos que ya habían sido aprobados por el pleno.

Esas valientes denuncias invitan a los ecuatorianos a tomar decisiones razonables en el próximo referéndum. “Es la primera vez” –perogrullan a cada rato ex asambleístas de cierto partido– que sucede una cosa así, sin embargo, no le dan la ilegalidad. Esta arbitrariedad ha dejado sin piso a la nueva Constitución. Esta manipulación debe ser respondida en el próximo referéndum.

Carlos Saavedra,
Guayaquil


Asambleístas en su momento, y luego de fenecida la Constituyente, algunos ex representantes más de la misma, han contado cómo se armó y desarmó la Carta Magna. Por  televisión y fotos de periódicos se veía a personajes enviados “de arriba”, que aterrizaban en Montecristi para “arreglar” los textos.

Mariela  Yépez B.,
Ambato, Tungurahua


¿Está usted de acuerdo conque la Policía Nacional detenga a los guardias privados que portan armas fuera de los recintos que ellos vigilan?

¿Cree que la Carta Magna que irá a consulta popular próximamente en Ecuador es democrática o, por el contrario,   totalitaria?

 

 

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