“Vienen 4 años de muchos estudios y luego asumir la responsabilidad que mi país me delegará”.
Un ganador siempre odia perder. Como uno de los grandes exponentes de la marcha de todos los tiempos, el ecuatoriano Jefferson Pérez cerró el viernes pasado una brillante carrera con una medalla de plata en los 20 kilómetros de los Juegos Olímpicos, un metal que no lo dejó totalmente satisfecho.
“No es malo, pero plata es plata. Alguna vez escuché algún atleta que decía que su plata le sabía a oro, para mí la plata es plata, el bronce es bronce y el oro es oro”, dijo Pérez.
“Terminé mi maestría en negocios, inicié mi doctorado. Vienen cuatro años de muchos estudios en España y EE.UU. y luego asumir la responsabilidad que mi país me delegará para poder contribuir a una mejor situación de toda una nación”, afirmó el campeón ecuatoriano, sin dar mayores detalles.
Pérez, de 34 años, finalizó 14 segundos después del ruso Valeriy Borchin (que registró 1h19m01s), quien se adjudicó el oro. El bronce fue para el australiano Jared Tallent.
El cuencano estuvo cabeza a cabeza con el marchista ruso durante la mayoría de la competencia, marcando el mismo tiempo en gran parte de los parciales. Pero a partir del kilómetro 18 Borchin redobló el paso y fue demasiado para Pérez.
Con la plata, Pérez puso fin a una carrera llena de logros. En Atenas 1996 sorprendió al mundo al convertirse en el medallista más joven (22 años) en ganar una medalla de oro en la caminata y de paso le dio a su país el primer metal de cualquier color en su historia. Después vinieron tres campeonatos del mundo (2003, 2005 y 2007) y dos cuartos lugares en los Juegos de Sídney 2000 y Atenas 2004.
Aunque le hubiera gustado finalizar su carrera con un oro olímpico, aseguró que se va contento abriendo la puerta a una nueva generación de atletas de América Latina.
“Latinoamérica ya tiene una nueva generación (de marchistas), qué pena que tardó tanto. Me alegro de que haya una generación de latinos fuertes, que asuman su responsabilidad de defender a la región”, dijo.
El andarín ecuatoriano se refería así a hombres como el mexicano Éder Sánchez, cuarto puesto en el mundial de Osaka, pero que el sábado pasado solo pudo ser decimoquinto, o el colombiano Luis Fernando López, que llegó noveno a la meta del Nido de Pájaro.
El enorme esfuerzo que realizó en los 4 últimos kilómetros, bajo el calor y la humedad de Beijing, dejaron exhausto al ecuatoriano y se desvaneció a poco de cruzar la meta.
“Cuando fui campeón olímpico, en los últimos 2 kilómetros alcanzamos a Ilya Markov, ahora fue en forma inversa. Lo que quiero decir es que tuve la suerte de competir con tres generaciones diferentes de atletas de Rusia, muy respetables cada uno de ellos, y solo yo he soportado doce años. Ojalá el nuevo campeón olímpico soporte doce años y después pueda obtener más medallas”, agregó.
SE DESPIDE
Pero el atleta de la técnica perfecta colgará ahora sus zapatos para en los siguientes cuatro años dedicarse a “estudiar, estudiar y estudiar”.
Con un rico palmarés internacional, Jefferson Pérez ya ha conseguido un sitial de honor entre las leyendas del deporte.